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El Bautismo Epifanía de la realidad mesiánica

El Bautismo Epifanía de la realidad mesiánica
HOMILIAS 1979 Homilía del 2o. Domingo del tiempo Ordinario.
(Fiesta del Bautismo del Señor)

Isaías: 42, 1-4, 6-7
Hechos: 10, 34-38
Marcos: 1, 6b-11

Nota. Antes de la homilía del Sr. Arzobispo, los sacerdotes Plácido Erdozaín y Rutilio Sánchez hablaron al pueblo salvadoreño en nombre de los sacerdotes de la Arquidiócesis, para denunciar la continuación de la campaña difamatoria contra el Clero, aparecida esta vez en una hoja volante en la que se presenta la lista de diez sacerdotes «que de manera maliciosa se les quiere involucrar como parte del movimiento guerrillero de El Salvador» También se solidarizaron con el Sr. Arzobispo de San Salvador, Mons. Oscar A. Romero por las amenazas a muerte hechas a su persona.

Queridos hermanos, estimados radio-oyentes:

Circunstancias del año litúrgico. Quiero sentirme con mis queridos sacerdotes aquí presentes, que representan a todo un numeroso presbiterio donde se piensa con toda libertad dentro de ese pluralismo de ideas que la Iglesia admite mientras están en comunión con la doctrina y con la disciplina de la Iglesia, orgullo y compactado por esos sentimientos de fidelidad al evangelio. Desde ahí prestan un servicio fiel al pueblo, a pesar de todas las amenazas y dificultades.

Este ha sido el fruto de una semana que titulamos de «Identidad Sacerdotal». Fue sobre la base de una encuesta que el Senado Presbiterial levantó entre todos los presbiteros en forma anónima para que fueran libres de expresar su pensamiento, su juicio, acerca del Obispo y acerca de la línea pastoral que se está llevando en la Arquidiócesis. Después se analizó. Expertos en Sociología nos dieron la interpretación Sociológica de esa encuesta. expertos en Teología estudiaron el aspecto Teológico de esas respuestas y expertos en Pastoral sacaron también las deducciones pastorales de esa multiplicidad de opiniones. Y les digo: Ahora al terminar, de nuevo me siento orgulloso de mi Clero, porque con toda libertad ha aparecido allí una inmensa mayoría de acuerdo en todo. Y aún la minoría que no está plenamente de acuerdo, me da la confianza de que ha sido una encuesta plenamente sincera. Yo les decía al terminar: Si hubiera sido el 100% positiva, no creyera en ustedes, pero porque ha salido un porcentaje reducido, de oposición no diríamos, sino simplemente de divergencia en algunos aspectos, creo en la sinceridad de esa encuesta que avalora y me da como un espaldarazo a este proceder de parte del Clero y del pueblo que ellos representan. Les digo con confianza, queridos hermanos, sigamos adelante por donde creo que el Señor va inspirando el caminar de esta Iglesia particular que es la Arquidiócesis de San Salvador, y donde florecen cosas tan bellas.

¡Yo felicito a los sacerdotes!. El gesto práctico de venir hoy a concelebrar conmigo, los que a pesar de sus deberes parroquiales venir, está indicando de que no fue simplemente una semana de sentimentalismo o de superficialidades, sino que ha bajado a un fondo práctico de comunión y solidaridad con el Arzobispo. Y ahora puedo repetir lo que ya otras veces he dicho y lo diré siempre: El que toca a un sacerdote, toca al Arzobispo.

Tenemos, entonces, otro documento que viene a dar respaldo a un sentir del pueblo, a un clamor del pueblo.

Al terminar la reunión de sacerdotes, teniendo en cuenta que varias Entidades han pedido la Amnistía, la abrogación de la Ley de Garantía y de Orden Público_ es decir, más libertad_ y teniendo en cuenta también la situación angustiosa de capturas arbitrarias, desaparecidos, secuestrados, no podíamos ser ajenos a este clamor.

Por eso me alegro también de otro hecho de esta semana, la celebración del día de la Paz, aquí, el viernes en la Catedral a las 7 de la noche. Me alegra que Mons. Rivera, Obispo de Santiago de María, que es presidente de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, interpretando los sentimientos de esa Comisión que estuvo aquí presente con todos los seglares que la componen, haya hecho hincapié al concluir su mensaje sobre la paz en estas peticiones que el pueblo está solicitando. Y ese aplauso con que a cada una de esas peticiones, al pronunciarlas aquí Mons. Rivera, el pueblo subrayó, es indicio de que no se trata de unos sacerdotes metidos en política sino de unos sacerdotes y obispos que quieren vivir e interpretar el sentir de la angustia, el sufrimiento de este pueblo.

Sumando todo eso, pues, los sacerdotes al terminar la semana de Identidad Sacerdotal, han dirigido esta carta al Señor Presidente de la Asamblea Legislativa

«El Sr. Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar A. Romero junto con su Vicario General Monseñor Ricardo Urioste y el Clero de la Arquidiócesis, después de haber estado reunidos durante una semana analizando la grave crisis actual por la que atraviesa el País y la forma como desde nuestra labor pastoral debemos colaborar a resolverla, hemos llegado a la conclusión, de pedirle escuche el clamor de los familiares de los 108 desaparecidos y de 72 presos políticos y acepté la petición de Amnistía General, libertad para los desaparecidos y derogación de la Ley de Orden Público que han hecho: El Sr. Arzobispo, innumerables instituciones y organizaciones populares nacionales e internacionales en solidaridad con estas familias y en representación del sentir de nuestro pueblo.

Creemos que aceptar estas peticiones en lugar de ser un síntoma de debilidad del presente Gobierno es una muestra de su actitud de querer escuchar y encauzar legal y pacíficamente la voluntad popular.

Además sería una medida necesaria para favorecer un ambiente de mayor confianza y menor tensión que posibilite dialogar y colaborar a todos los sectores populares hasta lograr pacíficamente transformaciones audaces y radicales en la actual estructura económica política y social de nuestro país, que posibiliten una mayor justicia e igualdad entre nosotros: Condiciones indispensables para que haya un auténtico desarrollo y una verdadera Paz.

Nos hemos decidido acudir a Ud. porque creemos que le compete como Presidente de la Asamblea Legislativa propiciar la ejecución de estas peticiones y porque su actuación ante el problema de la Universidad nos ha dado pie para esperar de usted una respuesta positiva, que traerá sin duda una gran alegría a los familiares de los presos políticos y desaparecidos y será para el país un buen paso para lograr la paz y el orden.

Por nuestra parte, apreciaremos todo lo que usted haga por dar la Amnistía, la libertad a los desaparecidos y derogar la Ley de Defensa y Garantía del Orden Público y trataremos de seguir fomentando una conciencia clara en los cristianos de que Todos somos hijos de Dios y como tales gozamos de los mismos derechos y obligaciones, somos hermanos, y tenemos que ayudarnos unos a otros para construir una nación digna de llevar como nombre «El Salvador».

Atentamente.»

Siguen firmas del Arzobispo y de 84 Párrocos y Sacerdotes de la Arquidiócesis.

Estos gestos de nuestro presbiterio, queridos hermanos, coinciden plenamente con el mensaje de este domingo en que estamos celebrando el bautismo de Nuestro Señor Jesucristo. Es un eco todavía de la Epifanía. Dios ha venido y quiere darse a conocer y está presentando ante el mundo, su amor salvador ofrecido a todos. Y así como una estrella lo reveló a las primicias de los pueblos gentiles que vinieron a adorarlo_ como celebrábamos el domingo pasado_ hoy es la voz misma del cielo, una nueva Epifanía que desde los cielos abiertos proclaman: Este es mi Hijo amado, en él está mi fuerza divina de salvación. El mundo tiene que conocerlo porque sólo en él hay salvación.

EL BAUTISMO
EPIFANIA DE LA REALIDAD MESIANICA

Entendemos por bautismo tanto el de Cristo como nuestro bautismo cristiano. Por eso divido en tres pensamientos esta idea del bautismo como epifanía, como manifestación de la realidad mesiánica en el mundo.

1.El bautismo es un signo sacramental.
2.En Cristo descubre su realidad mesiánica que ya tiene (ese bautismo, ese signo).
3.En los cristianos es signo de la participación en la realidad mesiánica de Cristo. (ese signo sacramental).

Tratemos de desarrollar ésto y cuando estemos terminando de ese bautismo de Cristo participado a su pueblo, veremos la responsabilidad de este pueblo de bautizados aquí en El Salvador como en cualquier parte del mundo, de ser protagonista de la salvación de su pueblo, precisamente por ser un pueblo que participa la realidad mesiánica, salvadora que Cristo trajo al mundo.

1. EL BAUTISMO ES UN SIGNO SACRAMENTAL.

Quiero ante todo que tengamos una idea, que la recordemos, porque supongo que todos como cristianos deben conocerla: ¿Qué cosas es el bautismo en general?

a) tomamos pie de la frase de San Juan en el Evangelio de hoy: «Yo os bautizo con agua pero él os bautizará con Espíritu Santo».

b) Y luego describe: Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán… Aquí tenemos unos gestos sacramentales, pero al mismo tiempo vemos la diferencia entre uno y otro bautismo.

c) El bautismo del centurión Cornelio. Todavía hay un tercer bautismo que aparece en la segunda lectura de hoy. Pedro, que es llamado a la casa del centurión romano_ por tanto, un gentil_ para que le administre el bautismo. Tenemos también pues, el bautismo de un hombre que no es Cristo, ni cristiano, que pertenece a un mundo aparte del judío. ¿Qué significa entonces el bautismo?

– Dos elementos de todo sacramento. Aquí vemos cosas visibles. En todo sacramento hay dos elementos. Un elemento visible que es como la materia del sacramento. Vemos a un hombre que se acerca a otro hombre para que este hombre le eche agua en la cabeza y diga unas palabras. Vemos a otro hombre que se acerca a una familia gentil y le va echar agua también en la cabeza. Esta es la parte material: El signo.

-El contenido lo pone la intención de quien es dueño de ese contenido. Todo signo tiene que significar algo. El sacramento si sólo se recibe por su realidad visible se torna una cosa insípida, una cosa aburrida y, por eso, para muchos los sacramentos han perdido su sabor. Queremos recuperar para los sacramentos lo principal: el significado de ese signo. ¿De qué sirve llevar un niño a la pila bautismal de una Iglesia elegante y llevar allá a los padrinos también elegantes y después ir a celebrar una fiesta dónde el bautismo es lo menos que se toma en cuenta y más se tiene en cuenta la relación social? Esto es quedarse con el caparazón, con el envoltorio, como si hoy no descubriéramos en las lecturas bíblicas lo que significa ese hombre que se acerca a otro hombre en el Jordán.

¿Qué significa entonces? Miren cada bautismo de los tres tipos que hoy aparecen, son distintos según sea el contenido, a veces del mismo signo exterior.

– Diferencia de los dos bautismos: El de Juan y el de Cristo. En Juan Bautista, él dice: «Yo os bautizo en agua» es un bautismo de penitencia, es un llamamiento a conversión. Yo no puedo bautizar en Espíritu Santo, porque yo no poseo los dones mesiánicos. Yo preparo los caminos del Mesías. Y los que se acercaban a Juan, no eran como los cristianos que hoy van al bautisterio. Aquí están muy equivocados nuestros hermanos protestantes, cuando dicen que hay que bautizarse como Cristo a la edad de 30 años. Se olvidan que es muy distinto el bautismo de Juan al bautismo de Cristo que iba a darle un sentido más alto.

El bautismo de Juan era preparación para el segundo bautismo que luego llega. Ahora sí, llega Cristo. El no era pecador, el no necesitaba bautismo. Por eso, quererse comparar con Cristo y esperar la edad de Cristo para bautizarse, es un acto de soberbia. Creerse inmaculado como Cristo, como si no tuviéramos necesidad de redención desde que nacemos, es soberbia.

-Diferencia de los dos bautismos: El de Cristo y el de los cristianos. Y así nace el bautismo cristiano. El bautismo de Cristo no es el mismo bautismo de nuestros niños. Cuando Cristo manda a los apóstoles, es a repartir, bajo el signo del agua, de las oraciones, del rio del bautismo, la riqueza mesiánica que él va a dar. El se acerca hoy al Jordán no como necesitado él del bautismo, sino para darle a las aguas, la fuerza de ser conductoras del germen de esa vida divina que él trae. El se mete en las aguas del Jordán, no para lavarse de sus pecados que él no tiene. El se puede enfrentar al mundo y decirles a todos: ¿Quién me puede echar en cara un pecado?

El no tenía pecado original, y, por tanto, no necesitaba bautismo. El no había cometido pecados personales y, por tanto, no tenía necesidad de ir a golpearse el pecho con todos los pecadores que Juan absolvía con su bautismo de penitencia. El era el Santo que traía santidad a esta tierra y su bautismo es para enriquecer ese signo que todavía está vacío, que solamente es una preparación, pero desde aquí en adelante sí será el bautismo que Juan ha dicho: «El los bautizará en Espíritu Santo».

Miren, hermanos, como el sacramento del bautismo lleva un signo de una realidad que nuestra fe tiene que descubrir. Por eso se está insistiendo mucho en la catequesis de los sacramentos y ya que están aquí presente los representantes de nuestro querido Presbiterio, yo quiero pedir a todo el pueblo en apoyo a los sacerdotes que están cumpliendo con su deber, que secunden las disposiciones que ya daba nuestro querido predecesor Monseñor Chávez: «que no se dé el bautismo sin cultivar la fe por medio de una catequesis». ¡No evadan este compromiso!

Yo se que algunos dicen: «Nos vamos a tal parroquia porque allá no nos piden las pláticas». Ni el sacerdote que no pide pláticas, ni los fieles que van buscando una cosa más fácil, están cumpliendo el deber y en eso están diciendo ¡que poca fe tienen!. Les interesa más la limosna del bautismo, les interesa más las relaciones sociales del signo sacramental. ¡No es eso lo que interesa! Aunque no nos paguen nada _ni es cobro_, es una limosna y si no la quieren dar, no la den. Y los pobres no tiene por qué darla, pero que vayan a lo principal: A ver qué nos da el bautismo. Este don mesiánico ¡Qué pocos lo comprenden! Y por eso tenemos un pueblo de bautizados pero sin conciencia de ese compromiso tan serio, de esa dignidad tan alta que nos dio Dios aquel día en que nacimos como nueva criatura en la pila bautismal.

¿Comprenden ahora, queridos hermanos, el gesto de aquellos santos que no celebran el día de su cumpleaños, porque entonces nacimos hijos de la carne nada más, sino que celebran el día del bautismo?. Van el día de su bautismo como a celebrar el nacimiento en una nueva cuna, a besar la pila bautismal donde nacimos bajo el signo del agua y del Espíritu a esta realidad que Cristo nos descubre en su bautismo.

2. EL BAUTISMO EN CRISTO DESCUBRE SU
REALIDAD MESIANICA QUE YA TIENE.

a) ¿Qué descubre Cristo? Como les digo, Cristo no va a recibir algo que no tenía. Y en ésto es falso querer esperar la edad de Cristo para ir a bautizarse. Nosotros no tenemos lo que Cristo ya tenía. Cristo va a las aguas del Jordán a una epifanía, a descubrir lo que lleva y por eso escuchamos el precioso Evangelio de San Marcos, que todo su obsesión es como presentarnos la persona de Cristo, aunque no hable. Cristo es el mensaje eterno del Padre y en el Jordán no habla, pero habla el Cielo: «Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo Amado, mi preferido» Esta es la epifanía del bautismo de Cristo: Tú no te haces hoy Hijo de Dios. Tú ya eres Hijo de Dios y tu bautismo manifiesta lo que eres.

b) Profecía del «Siervo de Yahvé». En la primera lectura, y para comprender esa frase de Dios en el Jordán, nos tendríamos que remontar a una larga historia de la que no tendríamos tiempo aquí de contar ahora, pero que Isaías nos la sintetiza hoy.

Ciro, Rey de Persia; conquista de Babilonia. Fin del destierro. Isaías, en su lectura de hoy, nos da una síntesis en un personaje histórico: Ciro, rey de Persia. Está ya presionando la liber
ad del cautiverio de los judíos en Babilonia. Babilonia va a caer bajo la presión de Ciro y los pobres desterrados de Babilonia miran a Ciro como un rey que trae un poder salvador: «Cuando Babilonia caiga bajo el poder de Ciro, nos dará la libertad; retornaremos a Jerusalén, se levantará esta opresión». Y por eso la Biblia llama a Ciro: Casi un mesías.

– Trasciende a Ciro; cualidades del Mesías. Esa figura se transforma en una figura poética que Isaías llama el siervo de Yahvé, el siervo de Dios. Ya no es simplemente un rey de Persia, ya no es simplemente un hombre con poderes humanos salvadores, es alguien misterioso y es entonces cuando la profecía de Isaías nos ha dicho esta mañana: «Esa mezcla de triunfo y de dolor; de grandeza y de humildad; ese siervo de Yahvé que va a vencer y sojuzgar a todas las naciones del mundo, no es un hombre que grita por las calles iracundo, impasible, violento; es manso y humilde. _Fíjense en esta figura_. No acaba de quebrar la caña que ya está quebrada, no acaba de apagar el pabilo que aún está humeante.» ¡Qué figura más bella para decir como es la misericordia de esta redención!

Aunque un hombre ya esté quebrado, aunque un pueblo se sienta como candil que se va apagando, aún cuando nos sintamos con un sentimiento profundo de frustración por nuestros pecados, por los pecados de las clases sociales; por los abusos de la política; un pueblo que se ha hecho digno de su nombre, un pueblo que no merece ya la misericordia de Dios, dice hoy la profecía que nos llena de esperanza: «El no acabará de quebrar esa caña que ya está acabando de quebrar. El no acabará de apagar esa mechita que todavía echa señales de fuego». En El Salvador todavía hay capacidad de rehacernos. Todavía puede encenderse la lámpara de nuestra fe y de nuestra esperanza. Y está aquí nuestra esperanza: ¡El siervo de Yahvé. Cristo, Divino Ciro que viene a liberarnos de toda clase de esclavitud, él es nuestra esperanza!

– El Viejo Testamento evoluciona el concepto del Mesías

+ A Partir de David, Rey Salvador. El Viejo Testamento nos presenta como ungidos: A los reyes, a los sacerdotes, a los profetas, a los patriarcas. Gestos simpáticos como aquel del sacerdote Samuel que inspirado por Dios se va a una Familia de Belén y Dios le va a señalar a quien debe ungir. Samuel lleva el depósito de aceite para que cuando Dios le diga: «Ese es el futuro Rey», lo unja, le eche aceite. Y aparece el jovencito David y a David lo unge Samuel como sacerdote. Desde aquel momento sus hermanos_que todos eran mayores que él _lo respetan como ungido y al historia le da razón, ¡el más grande rey de Judea: David!. Que va a dar también nombre al Mesías, Hijo de David, porque en ese rey se caracteriza el rey Salvador, el rey grande que da unidad al pueblo, el rey que eleva al pueblo a cantarle alabanzas a Dios. De ese rey mesías, desciende el Mesías Rey es Cristo cuyo Reino no tendrá fin.

¡Qué hermoso cuando los leprosos y los paralíticos le gritan a su paso: ¡Jesús, Hijo de David! Era decirle: ¡Mesías, ten compasión de nosotros!». Que hermoso cuando la Samaritana, sedienta ya de esa agua misteriosa, a la pregunta de Cristo si conoce al Mesías, le dice: «se que ha de venir» Era la esperanza: ¡Ha de venir! «Yo soy», le dice Cristo. Que epifanías más bellas cuando Cristo se presentaba así: ¡Yo soy! Yo tengo ya esos poderes anunciados por los profetas y por los reyes y por todas las figuras del Viejo Testamento. Los ungidos, no eran más que figuras del Cristo, del Ungido por antonomasia, del Cristo que lleva en sí la plenitud de las riquezas y de las fuerzas que Dios quiere traer al mundo para enriquecer a los hombres, para salvarnos del pecado.

-El Nuevo Testamento lo precisa: Cristo rehuye un mesianismo terrenal. Por eso Cristo tiene mucho cuidado en precisar en su predicación, como es su mesianismo. Porque había muchas equivocaciones y este momento en que Cristo hace su epifanía en medio del pueblo es muy parecido, queridos hermanos, a este momento de 1979 en El Salvador. Y así como entonces había movimientos populares que buscaban en ese Mesías una salvación temporalista, política, y creían que ese Cristo anunciado era el que iba a sacudir el yugo del poder romano; había, también, quienes tenían el concepto verdadero del Mesías. Y Cristo cultivaba este concepto verdadero. Por eso dice cuando lo querían hacer rey con estos ideales de mesiánicos político, que él se huía a la montaña porque no era esa la salvación que él traía.

La Iglesia también tiene mucho cuidado de señalar a los movimientos salvadores de hoy, lo mismo que a los afanosos de calumniar a su Iglesia al decirle que Ella está pretendiendo el poder, que está azuzando movimientos guerrilleros, ¡mentira!. La Iglesia está predicando el mismo mesiánico de Cristo, pero de ese Cristo que quiere decirle a los movimientos populares de su tiempo: No me busquen como rey temporalista, no me busquen como un rival de Poncio Pilato o de Herodes. Allá ellos tienen que dar cuenta al Rey divino de sus gestiones como gobernantes civiles de su pueblo. Y será duro el Señor en pedir cuenta a esos ungidos, que también tienen el deber de respetar la voluntad de Dios para bien del pueblo y no para opresión ni para ultrajes a los hombres.

Cristo les dice que su Reino no es de este mundo. Y esto no quiere decir _explicaba el Papa Pío XI, cuando proclamó la fiesta de Cristo Rey_ que Cristo está marginado del poder y de las riquezas de la tierra. Lo que está diciendo es que él juzgará, desde otra dimensión religiosa, las conciencias de los políticos y de los ricos y de lo pobres también, desde unas perspectivas escatológicas, de Reino de los Cielos, de trascendencia. Pero todo este poder_ Cristo lo ha dicho_ será juzgado por él, porque él es Mesías y Rey universal de las naciones.

El quiere definir, pues, ese mecanismo auténtico, para que en él encontremos siempre la crítica de todos los sistemas políticos. Por eso da risa, cuando dicen que la Iglesia está propiciando un sistema socialista. La Iglesia no se enfeuda con ningún sistema social. Y supongamos que nuestra democracia se transforma mañana en socialismo, la Iglesia siempre será el juez que criticará las actitudes injustas de ese socialismo, así como anima hoy en la democracia, lo bueno que tiene la democracia. La Iglesia está siempre como una luz desde afuera, iluminando esa realidad. Cristo quiere ser ese Mesías que ilumina el caminar de la historia. Los pueblos son libres para darse el régimen que ellos quieran pero no son libres para hacer sus caprichos. Tendrán que ser juzgados en el sistema político o social que ellos escojan por la justicia de Dios. Y Dios es el juez de todos los sistemas sociales.

El Evangelio como Iglesia, no puede ser acaparado por ningún movimiento social ni político. Ninguna organización social o política puede llamarse que esta es la Iglesia y por aquí hay que ir. El cristiano es libre para sus opciones concretas. Y ¡por favor!, ninguna organización política oficial o popular, se arrogue el abuso de querer llevar una comunidad de base, un grupo cristiano, solamente por su opción política. En su trabajo de evangelización, en su reflexión de grupo cristiano, respétesele la libertad de cada cristiano. Si alguien quiere pertenecer a otro grupo, respétesele la libertad de cada cristiano. Si alguien quiere pertenecer a otro grupo, respétesele su opción; si no quiere pertenecer a ninguna, respétesele su opción. Que crezca en su fe, que se prepare para dar cuenta a Dios de como trabajó en el mundo, por convertir un mundo en un mundo mejor. ¡De ésto sí nos pedirá cuenta el Señor!

Por eso decíamos en nuestra Carta Pastoral: «Que un cristiano puesto en una organización política-popular tiene que hacer prevalecer, ante todo, los criterios de su fe. Y si en un momento dado hay conflicto entre su fe cristiana y la organización, que se decida: O sólo político con la organización o siempre cristiano, con o sin la organización».

Unción. ¿Qué es Unción?

Hoy en la segunda lectura nos dice: «Jesús de Nazaret ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo». Esto es lo que ha hecho de ese hombre de Nazaret, que no sea simplemente un hombre, sino que sea también fuerza de Dios, Jesús de Nazaret, como hijo de aquel taller de carpintería, no era más que un hombre como cualquiera de nosotros. Cuántas veces me impresiona a mí esta realidad de que si Cristo viviera hoy en 1979, tuviera 30 o 33 años. Estuviera allí confundido con ustedes los hombres, con un hombre de 33 años, nadie lo distinguiría, tal vez venido de un cantón; allá vive con su mamá, es la Virgen.

Nadie lo conocería, tal vez estaría aquí entre nosotros también. De modo que en cuanto hombre como todos nosotros dice la Sagrada Escritura, menos en el pecado. Porque lleva por dentro una realidad antípoda, es decir antagonista, reñida absolutamente con el pecado. Es lo que estoy llamando yo hoy: «La realidad mesiánica». Es el Mesías, es el Cristo.

-Cristo- Mesías-Jesucristo.

Esa esa palabra: Mesías, lo que da el título a Cristo porque no es más que la misma cosa, Mesías en lenguaje oriental, en arameo, o hebreo; Cristo, en griego. La misma cosa que viene a significar «ungido».

Llegó a ser tan común esta palabra: El Ungido, el Cristo, el Mesías, que ya es corriente para nosotros, no llamarlo simplemente Jesús, sino que le agregamos Cristo. Jesucristo, es la expresión completa del hombre que Dios le señaló: «Le pondrás por nombre Jesús», y este otro nombre que se lo venía dando la esperanza de los pueblos: El Ungido, el Mesías, el Cristo.

Eran cristos, pues, para el pueblo todos esos hombres ungidos por la fuerza de Dios para desarrollar en el mundo una misión.

Unción de Cristo. Triple dignidad…

Por eso, queridos hermanos, este Cristo que nos presenta una realidad mesiánica, que la podíamos concretar en esas tres categorías de ungido: Profeta, sacerdote, rey. Eso es Cristo, esa es la realidad mesiánica de Cristo:

Verdadero sacerdote, el único sacerdote. Todos nosotros obispos y sacerdotes no somos más que pequeñas epifanías, manifestaciones del único sacerdote que consagra el mundo a Dios: Cristo Eterno Sacerdote.

El es Profeta. Profeta quiere decir el que habla en nombre de otro. Mi doctrina no es más sino de aquel que me ha enviado. Y nosotros, predicando en nuestros púlpitos, con nuestra limitación, con nuestras deficiencias, no somos más que pequeños ecos del Gran Profeta que es Cristo Nuestro Señor. Nuestro cuidado está en ser fiel eco a esa voz de Cristo, el único que debe hablar al pueblo y a la conciencia.

Cristo es rey. Cuando Poncio Pilato le pregunta: _ fíjense, el poder civil más grande del mundo, el Imperio Romano, representado en Poncio Pilato ¿Tú eres rey? _ no tiene miedo_ «Si, yo soy rey». Para eso he nacido, pero mi reino es el reino de la verdad, no de la mentira, no de la intriga, no de la opresión, no del ultraje, no del odio, no de la calumnia, mi reino es la verdad, por eso todo aquel que ama la verdad es mi Reino. Y Cristo rey, profeta y sacerdote inventa un medio para darnos a nosotros esa triple dignidad.

3. EL BAUTISMO EN LOS CRISTIANOS ES EL SIGNO DE LA PARTICIPACION DE LA REALIDAD MESIANICA DE CRISTO.

Yo les invito, en esta mañana del bautismo de Cristo, que cada uno de nosotros recordemos_ quizá muchos no lo recordamos_ dónde nos bautizaron. ¿Qué sacerdote fue el ministro que nos dio esta gracia? ¿Dónde está la humilde pila del bautismo? En aquel pueblito que lo debo de amar no sólo porque allá di mis primeros pasos jugando con los niños de mi pueblo sino, sobre todo, porque allá está en la Iglesia parroquial, la pila del bautismo donde unos padres cristianos me llevaron ayudados por unos padrinos buenos que todavía recuerdo con cariño a incorporarme al Cuerpo de Cristo. Me parece el gesto de unos padres cristianos que llevan un vaso de oro pero vacío, para que lo llene con su sangre y sus dones jerárquicos y carismáticos: El Señor. Aquel día yo me hice miembro de ese Cuerpo de Cristo, aquel día se hicieron mías las riquezas mesiánicas del Salvador. Desde aquel día yo soy miembro del pueblo de Dios.

a.) Comentario de Pedro al bautismo de los gentiles. Es hermoso como San Pedro comenta hoy, en la segunda lectura, el episodio del bautismo de una familia que era pagana. Lean Uds. íntegro el libro de Los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo que hoy hemos leído y encontrarán cómo está Dios visible en esta historia. Pedro está orando en una terraza de Joppe. Y allá lejos, junto al mar de Galilea, en Cafarnaún, un centurión también ora a su modo porque es pagano _pertenece al Ejército Romano_ y le dice su inspiración que mande llamar a Pedro. Pedro, que en ese momento está en oración tiene otra inspiración que significa: Vendrán a llevarte, vete. Y se hace aquel encuentro por inspiración de Dios. Una familia pagana que quiere recibir el bautismo cristiano, que quiere recibir esta riqueza mesiánica.

Y Pedro comenta en el discurso de hoy, precisamente hablándole a esa familia_miren como había homilía del bautismo_, como había preparación para el bautismo. ¿De qué le hubiera servido al centurión que Pedro echara el agua sobre la cabeza de sus niños y de su esposa, y de su gente si no le hubiera explicado para qué ese sacramento? Esa charla pre-bautismal es la que nos ofrece la segunda lectura de hoy _ «He comprendido que Dios no hace diferencia entre las personas, que para él los hombres de cualquier pueblo y civilización con tal que obren la justicia y lo busquen con sinceridad lo encontrarán. Y por eso, en el nombre de ese Dios que tú sientes que te llama, yo voy a incorporarte aquí con toda su familia a este nuevo pueblo de Dios. Ya no serás pagano por que ya no hay diferencia entre pagano ni judío: solamente hay una diferencia: tener fe y bautizarse, y no Tener fe y quedarse afuera del pueblo de Dios».

b.) El os bautizará con Espíritu Santo. En este otro ejemplo vemos que la realidad del bautismo cuando Juan Bautista, hablando de Cristo que pide el bautismo, les dice a su penitentes: «Yo os bautizo con agua, pero ahora viene él que os va a bautizar en Espíritu Santo». Está declaración la función del bautismo cristiano.

-Nos participa la Unción que lo hizo Hijo de Dios, Rey, Sacerdote y profeta. El bautismo nos hace partícipes de esa Unción de Cristo. Cristo fue ungido no en el Jordán, sino en el mismo instante de su concepción, en las entrañas de María Santísima. Por eso, el ángel cuando le dice a María que va a concebir un ser misterioso, le dice; «Lo santo que nacerá de tí, será llamado Hijo de Dios; porque el Espíritu Santo es el que ha operado ese milagro de hacerte Madre, dejándote Virgen, y que el producto de tus entrañas no sea simplemente un hombre sino un ungido, un rey celestial en envoltura de carne humana: El Mesías».

Ahora, por eso la Iglesia se compara con María, porque así como María da a luz a un hombre que es al mismo tiempo un Dios, nuestro Madre Iglesia siempre fecunda da a luz en el bautismo. Y por eso les decía: El misterio de la pila bautismal es el lecho donde nuestra Madre Iglesia me dio a luz, donde me hizo hijo de Dios, participante de la Unción que Cristo traía para ser sacerdote, profeta y rey.

Por eso somos Hijos de Dios, Pueblo Sacerdotal, Profético y religioso. ¿Cuál es el resultado, queridos hermanos? El resultado es esta Catedral llena de cristianos. El resultado es una Diócesis_ muchas comunidades me están escuchando en este momento_. Pienso en Uds., queridos cristianos, hasta del más apartado rinconcito de la Diócesis, el resultado del bautismo son Uds., comunidades cristianos que pueden decir con toda verdad: Estamos ungidos, somos partícipes de Cristo, profeta, sacerdote y rey. Y por eso la Iglesia, con sus obispos, sacerdotes, religiosas, colegios católicos, organizaciones, instituciones, familias, es la Iglesia sacerdotal, profética, real. Somos familia de reyes, somos descendientes de ungidos, somos participantes del sacerdocio.

Nuestra misión, entonces, como pueblo es enraizar estas tres cosas en nuestra familia, en el trabajo, en la

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