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El Dinamismo de la Iglesia

El Dinamismo de la Iglesia
HOMILIAS 1978

20º Domingo de Tiempo Ordinario

Domingo 20 de agosto de 1978

Lecturas:
Isaías 56, 1. 6-7
Romanos 11, 13-15. 29-32
Mateo 15, 21-28

Queridos hermanos:

Es hermoso sentirse hermanos cada domingo, sobre todo en este momento, que es un momento de familia. Somos la familia de Dios que peregrina en la tierra y cada domingo, como las familias unidas, en un fin de semana se unen con sus padres a los otros miembros que están dispersos a lo largo del trabajo de la semana; y venimos a compartir, a sentir de veras que lo que cada uno hace le interesa a todos; y que así vamos unidos en una misma fuerza de amor, de fe, de esperanza en medio de un mundo que nos ofrece tantas dificultades, pero precisamente las familias se unen más, cuanto más arrecian por fuera las tempestades.

Por eso en este ambiente de familia, es el Padre el que nos orienta, el que nos aconseja, el que nos habla; y el padre es nuestro Dios al que dentro de poco llamaremos: Padre Nuestro. El nos habla y el sacerdote o el Obispo que predica no es más que un mensajero suyo entresacado de la misma familia para comunicar su mensaje divino. Y se ha organizado este mensaje a lo largo del Año Litúrgico, de tal manera, que cada domingo es novedad, nos va presentando aspectos diversos de esta familia tan maravillosa que se llama, la Iglesia, principio del Reino de Dios en la tierra. Cómo no va a ser maravilloso, si se trata del Reino de Dios, aunque todavía envuelto en las limitaciones, en las imperfecciones de los hombres que la formamos; pero que vamos tratando de hacernos menos indignos de esa vida que Dios quiere participar con nosotros en su plenitud cuando esta peregrinación termine. De allí, que los aspectos que este domingo nos ofrece la divina palabra, como de costumbre yo lo resumo en este pensamiento: El dinamismo misionero, espiritual y social del Reino de Dios en su Iglesia. Estos serán los tres aspectos de la homilía de hoy.

La Iglesia tiene un dinamismo misionero, la Iglesia tiene un dinamismo espiritual y la Iglesia tiene un dinamismo social aquí en la tierra. Pero antes de adentrarnos en esta reflexión de la palabra, para que el marco concreto de nuestra Iglesia, tal como se va haciendo en detalles tan variados en nuestra Arquidiócesis, yo quiero evocar aquí, algunas noticias y avisos de nuestra vida eclesial. Allá al final, cuando hable del dinamismo social de la Iglesia, voy a presentar los aspectos que ya no son propiamente eclesiales que se viven en la vida política, en la vida económica, en la vida de nuestro pueblo, en nuestra historia; pero que no son ajenos, tampoco, sino que esta Iglesia dinámica tiene que iluminar, pero primero es… porque dice la Filosofía: Primero hay que ser para después actuar. La Iglesia ante todo tiene este trabajo: Ser, construirse. Yo les invito siempre, queridos hermanos, que en mi pobre palabra miren este esfuerzo ante todo. No es un esfuerzo de confrontación con nadie, no estoy peleando con nadie. Estoy ayudándole a Cristo a construir su Iglesia; y amando a todos ustedes bautizados, que son Iglesia, a que tomen conciencia, a que colaboren, a que hagamos de este pueblo de Dios que peregrina, verdaderamente una antorcha que ilumine al mundo. Por eso, nadie escuche mis palabras con ánimo polémico. Yo no quiero ser una oposición como se me dijo esta semana. Quiero ser simplemente una afirmación. Cuando un hombre dice sí, a una convicción suya, no está confrontándose, simplemente está afirmándose y naturalmente que hay otros que no piensan como él y entonces viene la confrontación, pero no porque uno tenga intención de buscarla.

En nuestra Arquidiócesis, como en el mundo entero, esta Iglesia que se construye vive días de una solemne expectativa que debe resolverse en una profunda oración. Estamos sintiendo la ausencia de Pablo VI y ya estamos amando -sin conocerlo- al que será su sucesor. Esta es la fe de la Iglesia. ¡Qué maravilla! ¿No les parece que este es un milagro portentoso? Cuando hay tanta confusión y tantas intrigas e intereses, una Iglesia repentinamente queda acéfala; pero esa acefalía se resuelve en una esperanza. Nadie está peleando por ser Papa. No hay partidos, no hay intrigas, simplemente una fe que espera. Manda Señor al que hay que mandar. Tiene que ser esta semana de mucha oración. El 25 como ya han oído y ya han sido informados, se van a reunir ya los cardenales que van a elegir al nuevo Pontífice. No sabemos cuáles serán las estrategias y prácticas que van a llevar, a fin de dar al hombre que conviene a nuestro tiempo. Ya unos teólogos han dado una clave maravillosa: Tiene que ser un hombre de Iglesia, un hombre de mucha fe, un hombre profundamente eclesial y, por eso también, un hombre que represente una Iglesia abierta al diálogo como el mundo. ¡Este equilibrio maravilloso!

Cuánto mal hacen en esta hora, los pastores y los católicos cerrados. Los que creen que no hay más verdad que la que ellos tienen. Se olvidan de que nadie es dueño de la verdad. Sólo Dios es la verdad. Y que si él, el infalible, el que no se puede equivocar, ha trasmitido a su Iglesia ese don de infalibilidad, cuyo órgano expresivo es el Papa no es el Papa; exclusivamente el infalible, es todo el pueblo de Dios que por medio de la boca que habla, como el organismo del hombre, habla todo él por la palabra que se pronuncia, tiene que vivir con agradecimiento, con respeto ese don del Espíritu y por tanto saber que todos los que estamos en comunión con esta verdad, aunque la manifestemos de formas muy diversas, talvez desagradables a mi modo de pensar, pero que están dentro del conjunto de la verdad, respetarnos. Esto es lo que se llama apertura, comprensión que no llega tampoco a querer que queda todo error y verdad dentro. Sino que la verdad con sus múltiples facetas, pero la verdad y firme también, para que dentro de este pluralismo de verdad, no entre el error, la herejía, la mentira. Seamos muy amplios, hermanos, en comprender este sentido que queremos para el nuevo Pontífice, que tiene que ser, ante todo, el hombre de la Comunión Eclesial.

También muchos preguntan: Nosotros, la Iglesia de este continente que prepara un acontecimiento tan grave como es la reunión de los Obispos en Puebla, ¿qué implica la muerte del Papa mientras se preparaba Puebla? Hasta ahora, el camino es legítimo y puede seguir ese camino. Para que una reunión de obispos de una región del mundo tenga validez jerárquica de Iglesia en comunión con el Papa, es el Papa el que tiene que convocar y el Papa el que tiene que presidir por sí mismo o por otro. Pues bien, Pablo VI había convocado al Episcopado Latinoamericano, en Puebla, él, naturalmente, ya no lo puede presidir porque ya murió. El que viene puede ratificar el llamamiento de Pablo VI, tiene que convocar o darle validez a la convocación de Pablo VI y venir a presidirlo o mandar a alguien que lo represente en la Presidencia para que sea el Episcopado en comunión con Pedro. Por tanto pues, Puebla seguirá adelante, pero siempre esperando la palabra del nuevo Papa. Pidamos también mucho, pues, por este acontecimiento.

Y ya dentro de nuestra vida íntima eclesial de la Arquidiócesis, perdonen hermanos que me refiera a mi persona, para decirles un voto de profundo agradecimiento por las múltiples manifestaciones de solidaridad, que con motivo de mi cumpleaños me manifestaron comunidades, personas particulares, sobre todo el Clero en el almuerzo de Domus Marie, donde tuvimos también la felicidad de estrechar la mano de Monseñor Chávez; sobre todo la misa de esa noche que me dejó tan colmado de consuelo, donde estuvieron presentes muchas personas y comunidades de nuestra Arquidiócesis. ¡Dios se los pague!

Y como es comunidad nuestro peregrinar y nuestra Iglesia, he aquí unas cuantas noticias de nuestras comunidades eclesiales.

El domingo pasado clausurábamos en una misa, una misión predicada por el P. Luis en el sector de Zacamil, llamado San Ramón. Una comunidad que nace. El miércoles 16 por la noche, en la fiesta del patrón del Barrio de San Jacinto dirigido por los PP. Paulinos, confirmábamos un bonito grupo de jóvenes. ¡Qué hermosa es la confirmación preparada para jóvenes!

Hoy tendremos otro grupo de confirmación en la Parroquia de San Juan Cojutepeque, donde el P. Brizuela también ha comprendido la riqueza de este sacramento, que yo le suplico me ayude a valorarlo, hermanos, para que no lo demos a niños que no se dan cuenta; sino a jovencitos que ya van comprendiendo la necesidad de una nueva fuerza de juventud, que es la fuerza del espíritu que se da en la Confirmación.

El jueves de esta semana habrá también una fiesta religiosa muy consiente, en Arcatao. Las religiosas Guadalupanas que llevan con tanto celo y cariño aquel apartado pueblo, están preparando la fiesta de San Bartolomé para el jueves de esta semana, a las 10 de la mañana. Y ya les auguro muchos triunfos y muchos éxitos. Tendré la dicha de participar en ella.

Otra comunidad, la de la parroquia de Tejutla, va a celebrar el sábado de esta semana, a las 10, el aniversario primero del asesinato del catequista Felipe de Jesús, que todos recordamos con mucha admiración y cariño.

Otra comunidad también, florece ya poco a poco, es el Paraíso de Chalatenango, donde las religiosas Betlemistas preparan estudios para darle un poco de vida también al aspecto social, industrial, que está un poco muerto; y como la Iglesia, vamos a decir, tiene un dinamismo social, también le interesa esta promoción.

Refirámonos también un poco en esta vida de Iglesia nuestra y amémosla queridos hermanos, la vida religiosa. Las Carmelitas misioneras españolas, las que tienen la Policlínica y nos atienden también sectores pastorales en Plan del Pino y en la Laguna de Chalatenango, celebran en este año, 25 años de haber venido a El Salvador. Lo vamos a celebrar en Plan del Pino, con una confirmación de jóvenes que se está preparando con mucho entusiasmo.

Los Jesuitas, tan puestos a la vista de nuestra Iglesia -muchos para admirarlos y quererlos, otros para desprestigiarlos y calumniarlos- están ofreciendo ya una obra maravillosa. Esta semana con el P. Sáenz tuve la oportunidad de visitar la construcción de un hermoso edificio que se llamará Centro de Loyola, en que se van a realizar esos carismas propios de los Jesuitas: Los Ejercicios Espirituales y las reflexiones para concientizar más en el verdadero cristianismo a nuestro pueblo. Quien quiera conocer esta obra grandiosa que va surgiendo, lo invito a hacer un paseo allá por Lomas de Morazán, cerca de la UCA, donde de veras tendremos dentro de poco, el año próximo desde luego, un centro de espiritualidad y reflexión abierto a todos los sectores de nuestro pueblo.

También, hermanos, en la vida de la Diócesis, cuentan mucho como instrumentos de la Pastoral de la Diócesis, los colegios católicos. Y esta semana ha habido mucha vida. Tenemos que lamentar, y nos hemos hechos solidarios del sufrimiento de miembros de la directiva de la Federación de Centros de Educación Católica que sufrieron golpes en un accidente de tránsito, allá por la Diócesis de Santa Ana, donde trabajaban precisamente, el problema de su Organización. Ya gracias a Dios mejoran, pero ha sido un sufrimiento por la buena causa.

El Colegio Santa Cecilia de Santa Tecla, ha dado un espectáculo precioso en esta semana celebrando la cuarta semana de la juventud. Cuatro años en que convoca a los jóvenes para darles el mensaje del evangelio. El lunes tuve la dicha de estar entre jóvenes, más de mil jóvenes llenaban el teatro para inaugurar esta semana.

El Instituto Ricaldone, también de los Salesianos, celebró con una preciosa Misa en la Iglesia de María Auxiliadora, el aniversario 163 del nacimiento de Don Bosco, que nació y fue bautizado el mismo 16 de agosto de 1815, tratamos de traducir ese mensaje de Don Bosco a la juventud, como lo haremos, primero Dios, mañana en el Colegio Don Bosco, donde se están celebrando las fiestas jubilares: 75 años de la fundación de los primeros colegios salesianos en el país. Porque allí también está el Colegio San José, de Santa Ana.

Nos dio también mucho consuelo recibir una visita de alumnas del Colegio de la Divina Providencia, a presentarnos en un folleto, el resumen de sus pensamientos de una semana de reflexión de preparación para el matrimonio. Interesante que las jóvenes, que ya van llegando al bachillerato, piensen seriamente que no se trata de una aventura loca, ni de prostituir un don tan grande como es la sexualidad, el matrimonio; sino que a la luz de grabaciones que tenemos a la disposición, en el Servicio para América Latina: SERPAL, han reflexionado en episodios concretos esta preciosa temática.

También nos alegramos -y esto de manera muy especial- con la vida de nuestro Seminario, que es como dicen los documentos de la Iglesia: El Seminario como la pupila del ojo de la Diócesis, donde se están formando las esperanzas de nuestro pueblo que camina guiado por los sacerdotes.

Vamos a iniciar, ya se anunció en la reunión del Clero, la intensidad de la pastoral vocacional, por todas las parroquias. Y aquí hacemos un llamamiento a todos los padres y familias cristianas y sacerdotes, a que busquemos entre nuestra juventud, dónde ha depositado el Señor ese don precioso de la vocación, para luego analizarlo y someterlo ya al proceso de elaboración que es el Seminario. Ya está llegando a su cumbre uno de estos jóvenes. Qué consuelo me dio Rafael Urrutia, que termina ya sus cuatro años de Teología en el Seminario de Guatemala, pidiéndome su ordenación sacerdotal para el 4 de noviembre. Ya desde ahora hermanos, alegrémonos y pidamos por él, porque aquí en Catedral el sábado 4 de noviembre, a las 11 de la mañana, vamos a tener el honor de imponer las manos a un joven que, como los jóvenes del Seminario en medio de un ambiente tan difícil, dan testimonio de que Cristo vive y cuenta con corazones jóvenes que lo quieren seguir hasta el heroísmo.

En este mismo sentido, y ya esto para ustedes los laicos, el Club Serra, Organización de Laicos, va a tener una convención del 15 al 17 de septiembre donde van a poner entre sus números centrales, una información de los diversos seminarios, ya que es una organización laical que colabora, sobre todo moralmente, para darle ambiente, impulso a esta obra vocacional.

Y hay otras noticias como la que recibí de San Miguel con esta alegría: ¡Ya se oye en San Miguel la Y.S.A.X.! Siempre se ha oído pero con dificultades, espero que ahora nos estén escuchando con más claridad y que aquella ciudad tan querida, también reciba esta humilde palabra que tanto la ama.

Muchos preguntan por la Carta Pastoral que anuncié el 6 de agosto. Me ha alegrado mucho el interés que se ha despertado y solamente me apena tener que decirles: Espérense un poquito, pero dentro de pocos días estará ya en circulación. ¡Primero Dios que ya desde el próximo domingo si Dios quiere!

Y junto a estas noticias eclesiales, pues, falsas interpretaciones, por ejemplo la que el Diario de Hoy, en una noticia muy arrinconada -si no me lo dicen, no me doy cuenta- tergiversa mi homilía, cuando dice que yo he dicho que agradecía al Poder Legislativo por tres días de duelo nacional por la muerte del Papa; y aquí entre comillas mis palabras que no son mis palabras: «La buenas relaciones que existen entre el Estado y la Iglesia Católica desmienten la calumnia de que ha sido objeto el Clero». Ustedes son testigos que yo no he dicho eso. Simplemente mantengo una posición de que no estoy confrontándome con nadie, sino que estoy tratando de servir al pueblo y el que esté en conflictos con el pueblo, estará en conflictos conmigo. Pero mi amor es el pueblo y desde el pueblo pueden ver a la luz de la fe y del mandato que Dios me ha dado de conducir este pueblo por los caminos del evangelio, quiénes están conmigo y quiénes no están conmigo, viendo simplemente las relaciones del pueblo.

Tengan mucho cuidado, también hermanos, como noticia eclesial se las doy, sé que se andan recogiendo firmas para mandar al Papa -ya no será Pablo VI, será al nuevo- y a Puebla a la reunión de Obispos, pidiendo la condenación del marxismo. Está muy bien eso, pero ya existe la condenación del marxismo, no e
ninguna novedad. Pío XII ya tuvo un documento a ese respecto, si no lo conocen búsquenlo. Lo que me interesa más es esto: Que estas firmas también piden mi destitución. Yo no tengo inconveniente en ser destituido, ni tengo ambiciones en el poder de la Diócesis. Simplemente considero que ésto es un servicio y que mientras el Señor, por medio del Pontífice, me tenga en él, seré fiel a mi conciencia a la luz del evangelio que es la que yo trato de predicar, nada más, ni nada menos.

Porque ya estamos precisamente en materia, para que vean cuál es mi oficio, y como lo estoy cumpliendo: Estudio la palabra de Dios que se va a leer el domingo; miro a mi alrededor, a mi pueblo; lo ilumino con esta palabra y saco una síntesis para podérselas transmitir. Y hacerlo -a ese pueblo luz del mundo para que se deje guiar por los criterios, no de las idolatrías de la tierra; y por eso naturalmente que los ídolos de la tierra y las idolatrías de la tierra sienten un estorbo en esta palabra y les interesaría mucho que la destituyeran, que la callaran, que la mataran. Suceda lo que Dios quiera, pero su palabra -decía San Pablo- no está amarrada. Habrá profetas, sacerdotes o laicos -ya los hay abundantemente- que van comprendiendo lo que Dios quiere por su palabra y para nuestro pueblo.

En la palabra de hoy quien no descubre -si la han oído con atención, sin que yo se las comente- que existen estos tres dinamismos. Cristo mismo garantiza que este Reino de Dios tiene un dinamismo misionero, un dinamismo espiritual y un dinamismo social. Cuando digo, en primer lugar, dinamismo misionero, yo miro a Cristo en el evangelio de hoy de bondadoso, acercándose hasta los límites de Palestina para poder ver, desde allí, las fronteras del mundo gentil. Y una mujer gentil, una cananea, que viene a él, en busca del poder de Dios que Cristo trae. Y el diálogo de Cristo Salvador, con la representante del mundo gentil, parece duro; sin embargo, a quien se adentra en el ambiente de aquel tiempo y de aquel pueblo, no le parece duro, sino comprenderá mejor la situación. No está bueno tirar el pan de los hijos a los perros. Miren la diferencia que existía en la mentalidad judía. Ellos -los judíos- eran los hijos, los otros pueblos, los gentiles -allí estábamos nosotros también- eramos los perros. Y la humildad de la cananea gana el corazón del Redentor. Sí señor, dicen que esto es muy típico en el Medio Oriente, son muy sagaces en captar el pensamiento y hacerlo un chiste o hacerlo una respuesta maravillosa. La cananea da muestra aquí a Cristo y Cristo da muestra de vivir en un mundo encarnado, propio, con los modismos de su pueblo y de su tiempo. La cananea le dice: -Sí, señor, pero también los perritos comen de las migajas que caen de las mesas de sus señores. Mujer qué grande es tu fe.

Pero antes de que Cristo se asomara a la ventana del mundo gentil, la primera lectura, nos ha dicho que Dios ya no pondrá esos límites. Ya habla aquí de unos extranjeros que los atraeré a mi Monte Santo. Mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos. Este es el plan de Dios, no sólo salvar al pueblo de Israel, sino, como quien dice, hacer bien denso de Dios al pueblo de Israel, para que de ese pueblo -ésta es la estrategia de Dios- de un pueblo endiosado, iluminado por la luz de Dios, llevar la luz a todos los pueblos; pero el designio de Dios es la salvación de todos. Qué hermoso, dice el Concilio, que tiene un documento específico para explicar este dinamismo misionero de la Iglesia: «La Iglesia peregrina -dice se llama misionera, porque es el fruto de aquel Dios Padre que manda». Esto quiere decir misión; del verbo Latino «mitere» enviar. Así como mi Padre me envía, me hace misionero, así yo os envío, os hago mis misioneros. Pues dice el Concilio que el Padre envía como misionero suyo a su hijo y después que el Hijo ha realizado la obra en su persona y regresa, el Padre y el Hijo envían, hacen misionero, al Espíritu Santo que viene a animar esta Iglesia. Por tanto esta Iglesia, fruto de esa misión del Hijo y del Padre, es de verdad misionera y lleva un dinamismo universal.

La estrategia, es que primero he sido enviado a las ovejas que perecieron de Israel, dice Cristo. El no podía salir de los confines de Palestina y no salió; pero a los apóstoles sí les dijo: Ustedes serán mis testigos en Jerusalén, en Samaria y hasta el último confín de la tierra. y cuando resucitó lleno de poder y majestad, manda su Iglesia al mundo, dice toda potestad señalada en el cielo y en la tierra. Vayan por todo el mundo. Hagan discípulos del cristianismo a todos los pueblos, bautícenlos en mi fe a todos los hombres. Se ha desatado el dinamismo misionero con la venida de Cristo y la venida del Espíritu Santo.

Pero, en la segunda lectura, yo les invito, queridos hermanos, a que la reflexionen ustedes en sus hogares y miren esta estrategia descrita por San Pablo, en una forma diríamos, dialéctica pero eficaz. Habla que Dios dio preferencia a su pueblo, pero ese pueblo no fue digno de ese don de Dios. Sólo un resto, un pequeño grupo se mantuvo fiel. Los demás no aceptaron a Cristo. Han pasado veinte siglos y los judíos no han aceptado a Cristo. Esto le dolía a San Pablo. Recuerden el domingo pasado, cuando San Pablo dice: Quisiera ser maldito, pero que mis hermanos acepten a esa salvación. Y porque no lo aceptaron, los apóstoles sacudiendo sus sandalias se van a los pueblos gentiles. Cristo sólo se asomó a través de la cananea. No caminó por caminos gentiles, porque había sido enviado solamente a saturar en el cumplimiento de las promesas al pueblo que debía de ser el misionero: Israel. Pero no fue digno. Entonces, los apóstoles salen a predicar y San Pablo en su carta dice: -Yo soy un judío, soy de la Tribu de Benjamín, pero el Señor me ha escogido para ser apóstol de los gentiles, y como sigo amando a mi pueblo Israel, yo voy salvando a los gentiles y, con ésto, estoy tratando de provocar el celo de mis paisanos.

Esta es la estrategia del evangelio. Primero los judíos, no lo aceptan, se van a los gentiles. Al oírlo, aceptando a los gentiles, los judíos se llenas de celo. Miren cómo los gentiles se están aprovechando de una gracia que Dios nos ofrecía, y entonces los judíos se van a convertir. Y si la obstinación de los judíos, el rechazo que los judíos hacen de Cristo, ha sido salvación de los pueblos gentiles, dice San Pablo, lógicamente cuánto más será torrente de vida, cuando los judíos se conviertan y se llenen de Dios.

Por eso muchos han legado a creer que el fin del mundo será cuando se conviertan los judíos, pero no es eso lo que dice la Biblia. Lo que dice la Biblia es que cuando los judíos se conviertan, habrá una plenitud de vida en el pueblo judío que también se convertirá en plenitud de fe y de vida en el pueblo gentil. Poniendo aquí, pues, como en un antagonismo dialéctico: Pueblo gentil y pueblo judío, San Pablo nos presenta hoy el universalismo de la salvación. Y por eso su carta termina hoy con esta frase que nos parece un gran misterio: Todos han sido encerrados en la desobediencia para salvarlos a todos. La salvación supone pecado. Y tanto los judíos han pecado rechazando a Cristo, como los gentiles pecaron también cuando los judíos anunciaban al Dios verdadero y los gentiles no lo aceptaban. Pero ahora que ustedes, gentiles, lo aceptan, Dios está teniendo misericordia, les está perdonando su falta de fe, su desobediencia y cuando por celos, por emulación el pueblo judío vuelva también, el que ya pecó de desobediente, volverá y se salvará.

Hermanos, que hermosa lección, todos nosotros encerrados en la desobediencia. Todo aquel que quiera señalar a otro hermano sus pecados, y no se mide así mismo que es pecador, no es digno de esta salvación de Dios. Cuando se le hecha en cara a la Iglesia, al Papa, a los obispos, precisamente, los pecados de la Iglesia, se están olvidando de esta gran estrategia de Dios. Del pecado, de la desobediencia, de una Iglesia miserable en sus elementos, hermanos, está Dios valiéndose para salvar en su misericordia. Lo único que vale aquí es la misericordia de Dios que se acepta por la fe. Y este es el segundo pensamiento de las lectura de hoy.

Yo quisiera hermanos, que lo tengamos muy en cuenta, porque muchos -como lo van a leer en nuestra Carta Pastoral- están queriendo manipular la Iglesia para valerse de su dinamismo en redenciones temporales. La Iglesia no rechaza esas redenciones temporales. En mi Carta Pastoral digo que la Iglesia será una aliada generosa de los objetivos justos y del derecho de agrupación que los hombres tienen. Nadie les puede quitar a los hombres el derecho de asociarse, con tal que sea una asociación para buscar las causas justas.

Tampoco estamos defendiendo las agrupaciones de criminales, en cualquier sector que estén; si es para secuestrar, para robar, para matar. Para eso no hay derechos. Pero unirse para sobrevivir, para comer, para defender sus derechos; a ésto si tiene derecho todo hombre. La agrupación es un derecho cuando los objetivos son justos. Y la Iglesia estará siempre al lado de ese derecho de organización y de esos justos objetivos de las organizaciones. Pero que no se le pida a la Iglesia en exclusiva su dinamismo solamente para eso.

Yo baso allí, y aquí en esta homilía mi reflexión, en esta palabra del Concilio Vaticano II que es la palabra tomada también de la Biblia: «La misión propia que Cristo confió a su Iglesia, no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso» -pero fíjense bien- «Pero precisamente de esta misma misión religiosa, derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina. Más aún, donde sea necesario, según las circunstancias de tiempo y de lugar, la misión de la Iglesia puede crear, mejor dicho, debe crear obras al servicio de todos, particularmente de los necesitados, como son por ejemplo, las obras de misericordia o semejantes».

Aquí están en este pensamiento del Concilio los dos dinamismos que yo quiero explicar ahora. El primero es el dinamismo espiritual. La misión específica de la Iglesia es religiosa. Quiere decir unir a los hombres con Dios, las relaciones con Dios. Y en las lecturas de hoy, aparecen varios de estos elementos. Por ejemplo cuando la primera lectura nos dice: -Mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos. Siempre les he recordado hermanos, nuestra fuerza es la oración. Si un cristiano no reza, no puede contar con ese dinamismo espiritual. De allí que la cananea está haciendo una oración y Dios por medio de Cristo se siente movido hacia ella por la oración.

Segundo, en la segunda lectura y en el Evangelio se elogia la fe. Grande es tu fe, le dice Cristo a la mujer. Y San Pablo en la segunda lectura dice: -Los que han sido obedientes, encontrarán misericordia. La fe como una obediencia, una aceptación de Dios. Sin fe es imposible pertenecer a este Reino de Dios. El dinamismo espiritual de la Iglesia, deriva de su fe. Me da lástima cuando algún católico dice: yo ya no tengo fe. Y me da alegría inmensa cuando he oído decir mucho en nuestros tiempos: He recobrado la fe en la Iglesia.

Recobremos la fe. Es la que nos da fuerza mutuamente a unos y a otros. También la fe, la oración, la humildad, es una virtud muy desconocida en el mundo; y sin embargo, cuando uno escucha a la cananea que en vez de resentirse por la expresión dura de Cristo que la llama «perrita», ella más bien le devuelve con una sonrisa: También los perritos comen de lo que cae de la mesa de sus señores. Qué grande humildad también podía añadir Cristo. La humildad que es la verdad, porque la soberbia que es su antagonismo, es la peor locura de un hombre: Creerse. Y llegarse hasta creer Dios insustituible. Todos debemos de ser humildes, en el sentido de la verdad, de reconocer nuestras limitaciones, nuestras pequeñeces.

Sentido espiritual, esto que estamos viviendo ahora. Cuando dice el Señor: Los atraeré a mis montes santo, y mi casa de oración la llamarán así todos; y allí recibiré el sacrificio y los holocaustos. Ven el sentido litúrgico, venir a misa es servir. Eso quiere decir liturgia: Servicio. Los protestante llaman muy bien a sus reuniones, un servicio. Nosotros podemos llamar también a nuestra Misa, un servicio; en el sentido en que venimos a traerle, como servidores, el pan y el vino, símbolo de nuestros sudores y de nuestros trabajos para que él se sirva y, al hacerlos su cuerpo y su sangre, alimente al mundo. Todos aportamos como servidores cuando venimos a Misa, todos colaboramos, hasta el pobrecito que viene a decirle; Señor, no tengo trabajo, toda la semana pasé buscando y no te traigo más que mis angustias, no tengo trabajo; eso también es servicio. Eso también es ofrenda, es holocausto, es sacrificio. O la madre que le viene a contar la enfermedad de su hijo o la de que le desaparecieron. O el torturado que le viene a ofrecer al Señor, hoy sufrí cárcel, te traigo mis espaldas molidas, etc. o el que lleva la pena moral de una calumnia, como la que me escribió de un pueblito de Chalatenango, que es víctima de la calumnia por una mala lengua. Si me está escuchando le diré: Su situación moral no la debe afligir si su conciencia está limpia. Qué hermoso es el holocausto de su Misa, diciéndole al Señor: -Señor tú sabes que soy inocente y aunque todo el mundo me señale yo te ofrezco este holocausto.

Este es el servicio del pueblo sacerdotal. Esta es la misión de la Iglesia: Despertar, como lo estoy haciendo en este momento, el sentido espiritual de su vida; el valor divino de sus acciones humanas. No pierdan eso queridos hermanos, ésto es lo que la Iglesia ofrece a las Organizaciones, a la política, a la industria, al comercio, al jornalero, a la señora de mercado, a todos lleva la Iglesia este servicio de promover el dinamismo espiritual. ¿Quién no le puede ofrecer a Dios gran fuerza de su vida espiritual?

Y también encuentro en las lecturas, otro elemento espiritual: La conversión. Toda la segunda lectura es un poema de la necesidad de conversión que tienen tantos los judíos como los gentiles. Los dos pueblos hemos sido encerrados en la desobediencia. Hemos pecado. Y los dos, judíos y gentiles, nadie se puede gloriar, sólo esperar la misericordia del Dios que perdone nuestra desobediencia universal. ¡Convertíos! Y cuando señalamos desde aquí los pecados de los hombres, los pecados del Gobierno, los pecados del capital, los pecados de los criminales, los pecados mismos de nuestra Iglesia, los pecados de los colegios católicos, los pecados de los mismos obispos entre los cuales se encuentra este servidor de ustedes, los pecados de nuestros sacerdotes, los pecados de los matrimonios. ¿Quién no tiene pecados? pecados de la juventud, pecados de la edad madura, hasta de la niñez, apenas llega a tener uso de razón, ya está desobedeciendo. A todos nos encerró Dios en la desobediencia, para redimirnos con su misericordia.

Lo que hemos dicho al señalar el pecado de los hombres, repito, es llamarlos a conversión. A eso vino Cristo y a eso envió a su Iglesia. El Reino de Dios cuenta con este gran dinamismo espiritual que se llama la conversión.

Y hermanos, piensen bien, precisamente cuando un mundo necesita reivindicaciones sociales y políticas. Cuando necesitamos cambios profundos y audaces, ¿quiénes los van a hacer? Medellín lo dice claro: «Los hombres nuevos». Los hombres nuevos renovados en esa conversión. Los enquistados en los viejos sistemas caducos; los que quieren conservar, a fuerza de represión y de crímenes y de pecado, una situación que no se puede sostener no van a renovar al mundo. Así no se renueva. Es necesario que políticos y no políticos, gente de poder y gente del pueblo, todos tratemos de renovarnos en esta conversión interior.

Ojalá pudiéramos hacer una semana a la luz de esta palabra, de buscar dónde está el mal de nuestra República. Y lo encontraremos en nuestra propia conciencia. Todos hemos pecado. Como dicen de aquellas tribus de indígenas que cuando aparece matado un hombre, todos tiene

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