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El Dios de nuestra fe

El Dios de nuestra fe
HOMILIAS 1978

Santísima Trinidad

21 de mayo de 1978

Lecturas:
Exodo 34, 4b-6. 8-9
II Corintios 13, 11-13
Juan 3, 16-18

Queridos hermanos y estimados radio-oyentes:

Con el domingo recién pasado culminaba el Tiempo Pascual y aquellas semanas que llamamos del Tiempo Ordinario, que se interrumpieron cuando comenzó la Cuaresma, vuelven ahora a retomarse. Quedamos allá en el domingo sexto y comenzó el primer domingo de Cuaresma y siguieron los domingos de Pascua hasta Pentecostés; ¡el tiempo más luminoso del año: la Pascua! Ahora continuamos en el domingo 7o., tocaría hoy, pero como la Iglesia quiere presentarnos como una síntesis de todo ese año litúrgico, en este domingo, se coloca aquí, junto con el domingo 7o., la fiesta de la Santísima Trinidad. Como quien ha recorrido un río hacia arriba, y ahora se encuentra con la fuente de donde nace ese torrente que es nuestra redención: es misterio de Cristo.

EL DIOS DE NUESTRA FE

Toda esta vida de fe que nos congrega todos los domingos, toda esa religión del corazón del hombre, toda esa ansia en la búsqueda de Dios, encuentra este domingo su respuesta. Repito, como quien tiene la dicha de encontrarse allá donde nace el río que se convierte en torrente que hace brotar energías, vida, fecundidad por todas partes. Por eso, podemos llamar esta homilía de hoy: el Dios de nuestra fe.

Este Dios de nuestra fe es un fenómeno que en muchos hombres y sociedades se ha degenerado. De allí que hoy tenemos necesidad de tomar una conciencia clara de este Dios tal como nos los presenta la fe iluminada por la palabra del mismo Dios que bondadosamente se ha querido revelar y que en las tres lecturas de hoy nos ofrece una imagen muy exacta.

ABSTRACCIONES Y CARICATURAS SOBRE DIOS

pero antes de presentar esa imagen, fijémonos en las caricaturas de Dios que se han fingido los hombres. Algunas no son caricaturas, son abstracciones, elucubraciones, pero que dejan frío el corazón y no conmueven con la ternura de un Padre que nos dá la vida y que está con nosotros.

EL DIOS DE LOS FILOSOFOS

Así tenemos el Dios de los filósofos, el dios metafísico, el dios que se descubre a través de las criaturas. Esto es el legítimo y Dios se revela en las criaturas. Y cuando uno mira el esplendor del sol, la fecundidad de las cosechas, la belleza de un atardecer en el mar, la majestad de un volcán, la tranquilidad de una laguna, Dios se revela. Pero estas elucubraciones, estas deducciones filosóficas que nos llevan a eso que llamaban y llaman los filósofos «el primer motor», el «gran pensamiento que rige la creación», no llena las angustias, las vivencias, las esperanzas íntimas del corazón. Y asi tenemos que teniendo a la mano esos argumentos de la creación, el Dios que allí se revela, no nos parece un dios íntimo; y para muchos, precisamente esa metafísica, esa filosofía, les seca el corazón y el cerebro y hasta los lleva a veces al ateísmo, al materialismo.

Y ahí tenemos uno de los fenómenos más dolorosos de nuestro tiempo: el ateísmo, o por lo menos la indiferencia frente a Dios. Este Dios desconocido o despreciado o negado, del cual hasta se ha llegado a decir «la muerte de Dios», «Dios ya murió», ciertamente es un Dios que no llena, es un Dios fingido, un Dios que es el producto, a veces, del vacío moral de las personas.

Queridos hermanos, el ateísmo, la negación de Dios, casi siempre va junto con un vacío moral del hombre o del pueblo. Un pueblo, un hombre, donde la ternura de Dios se ha disipado, donde interesa que no exista Dios para hacer injusticias, para cometer el pecado que Dios castiga, es inspiración de un ateísmo práctico. Y por eso, ateo no sólo es el marxismo, ateo práctico es también el capitalismo, ese endiosar el dinero, ese idolatrar el poder, es poner, se poner falsos para sustituir al Dios verdadero. Vivimos tristemente en una sociedad atea. O porque unos favorecen una revolución sin Dios queriendo resolver los problemas simplemente a fuerza humana o porque se está demasiado bien y se idolatra, como si fuera un Dios, el bienestar, las riquezas, las cosas de la tierra. ¡También eso es materialismo ateo!

EL DIOS DE LOS FARISEOS

Hay otra forma falsa de Dios y es aquella que fustigó nuestro Señor Jesucristo cuando se encontró en el mismo templo donde el hombre debe ir a encontrarse con Dios. Se encontró una religión superficial, legalista, utilitaria: los fariseos. ¡Qué latigazos morales los del Divino Maestro que dice: «A Dios no se le adora en un templo o en otro, a Dios se le adora en todas partes en espíritu y en verdad.» Porque es Espíritu y esa verdad se había disipado en un enredijo de leyes, una casuística, un conjunto de prácticas exteriores; un Dios, fruto de una legalidad como que si estuviera contento con sólo ver que se lavaba las manos, como si estuviera contento con aquellos fariseos de vestimentas raras en las plazas proclamando a Dios. Y Cristo les dice: «¡hipócritas, parecen sepulcros blanqueados por fuera pero por dentro llenos de podredumbre!»

¡Cuántas fachadas de piedad, por dentro no son más que ateísmo! ¡Cuántas formas de rezos, cuantas prácticas religiosas meramente exteriores, rituales, legalistas! ¡No son el culto que Dios quiere! Y aquí no importa que arracemos en esta acusación a nosotros mismos, los ministros sagrados, que muchas veces hemos hecho de nuestro culto un negocio; y puede entrar el Señor con el látigo en el templo: «Mi casa es casa de oración y ustedes la han hecho cueva de ladrones».

Este Dios ritualista, este Dios de exteriores, este Dios de beaterías, este Dios que en el fondo del corazón de quien le está diciendo que lo ama, está recibiendo el ultraje más grande de quien desobedece a su ley y ha hecho consistir su religión, su voluntad santísima, en cosas meramente legalistas y humanas. ¡Qué cuidado tenemos que tener nosotros, queridos hermanos sacerdotes, religiosos, religiosas, seglares piadosos, asociaciones piadosas! Cuantas veces nos creemos los buenos y los otros son los malos. Cuántas veces frente a Dios nos parecemos al hombre de la plegaria que se acercaba atrevido hasta el altar para decirle: yo no soy como los otros hombres: adúlteros, pecadores, injustos, ni como ese publicano que está allí golpéandose el pecho. Y Cristo dice después de esa oración hipócrita: «Salidos del templo los dos, y el publicano humilde el que no se reconocía digno ni de levantar la mirada a Dios, salió justificado. No el otro, el fariseo, el hipócrita, el soberbio, el beato que despreciaba a los otros, porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.

EL DIOS ESPIRITUALISTA

Otra forma falsa de un Dios, queridos hermanos, parecida a la anterior, es el Dios espiritualista, es el Dios desencarnado, es el Dios del sacerdote y del levita que pasaron cuando vieron herido al pobre judío y no le hicieron caso. Es el Dios de aquellos que dicen: «¡Ah, la Iglesia ya se metió a política, sólo habla de socialismo, sólo habla de cosas terrenales!» Y es porque ellos quisieran que no se hablara de esas cosas que no se le hiciera caso al hombre herido. ¡Eso no es religión para ellos! Religión es ir como el sacerdote y el levita al templo a orar y no tener tiempo para atender las necesidades materiales de la tierra. Y se olvidan que Cristo no justificó esa piedad falsa que se desentiende del hombre. Y en cambio alabó como verdadero prójimo al samaritano, que sin ser sacerdote ni levita ni gloriarse de piadoso, se bajó de su cabalgadura y le hizo el bien al herido sin fijarse a quien. Este es prójimo, dice Cristo, haz como él.

Este es el verdadero Dios. Por eso, cuando a Cristo le preguntaron: ¿Cuál es el principal mandamiento de la ley? El juntó los dos preceptos: «El Primero es este: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todo tu ser. Y el segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a tí mismo.» Cuando la Iglesia predica un Dios desencarnado, cuando los predicadores del evangelio decimos que no tenemos que ocuparnos de las cosas de la tierra para alabar solamente a Dios, cuando unas sectas protestantes predican un evangelio y critican a la Iglesia Católica porque reclama los derechos humanos, es el falso modo de adorar a Dios, aunque sea en templos católicos.

El verdadero culto a Dios tiene que ser éste: el que encarne ese temor, ese amor, esa adoración, esa fe a lo absoluto, a lo trascendente, en la historia del tiempo, en el momento que se vive. Y desde la fuerza de Dios que trasciende nuestra debilidad, se hace omnipotente la voz de la Iglesia para fustigar, para no dejar pasar el pecado de los hombres que ofende a Dios. Sería falso dios aquel que predicara a Dios y lo elogiara y no le importara que los hombres injustos pecaran contra él.

Estos son falsos conceptos de Dios de nuestra fe. ¿Cuál es el verdadero Dios de nuestra fe?. En las tres lecturas de hoy, hay tres conceptos bellísimos que yo les suplico, hermanos, no se fijen tanto en esta parte negativa, repugnante, odiosa. Solamente la he dibujado asi, a grandes rasgos, para que no caigamos en un falso culto a Dios, para que estemos alerta en esta hora de confusiones y no nos dejemos seducir por falsos conceptos religiosos que son muy utilizados para mantener situaciones muy pecaminosas.

Sí fijémonos más bien en el Dios de Moisés, en el Dios de Cristo, en el Dios de Pablo. Son las tres grandes palabras de hoy.

1º EL DIOS DE MOISES

Moisés, en uno de los capítulos más bellos del Exodo, en el capítulo 34. Yo les invito a que lo lean en sus propias Biblias, este día, no sólo el pequeño pasaje que se ha extraído hoy, sino todo el capítulo. Es un bellísimo momento del pueblo de Israel que siente la presencia de su Dios que a veces se aleja por la mala conducta de los hombres. En este pasaje de Moisés del Exodo, por lo menos estos dos conceptos se descubren y se destacan: es un Dios monoteísta y 2o) es un Dios vivencial.

a) UN DIOS MONOTEISTA

¿Qué quiero decir? Monoteísta, un sólo Dios. El Antiguo Testamento no conoció la Santísima Trinidad. El Antiguo Testamento conoció al Dios único. La Santísima Trinidad nos la vino a revelar después Cristo, pero el Antiguo Testamento que trataba de educar la religión de un pueblo que vivía en medio de un politeísmo espantoso; politeísmo se llama ese fenómeno de muchos dioses: poli, muchos, teísmo, dios; un sistema de muchos dioses. A cualquier fenómeno se le erigía un dios: el dios de la tormenta, el dios de la fecundidad, el dios de la ira, etc. Tantos eran que en el Panteón de Roma donde los romanos recogían los dioses de todos los pueblos conquistados, ya no cabían tantos dioses. Y este era el peligro que Moisés, capitaneando el pueblo de Israel que salía precisamente de Egipto politeísta, de un Egipto donde había muchas formas de dioses, él, que ha recibido del Dios verdadero el encargo de educar en el monoteísmo, en un solo Dios; Dios le reveló esta forma cuando le pregunta Moisés: «Si mi pueblo me pregunta cuál es el dios que me ha enviado, ¿qué le voy a responder?» Y por primera vez en la historia sonó el sagrado nombre: Yahvé. «Dirás al pueblo de Israel soy el que soy»

¿Qué quiere decir esta frase? Hay dos corrientes que explican. Una corriente filosófica quisiera presentar la esencia misma de Dios, el ser. Pero hay otra corriente más simpática y hoy tiene mucha simpatía en el mundo, la explicación histórico-salvífica, es decir: Yo soy el que estoy en medio del pueblo, yo soy la esperanza, la actividad, la protección. No soy un extraño a ustedes, estoy en medio de ustedes. Este es el Dios de Moisés. Por eso digo un dios monoteísta, un solo Dios a quien los judíos en su famosa oración del semá clamaban día y noche: «Oye Israel, uno solo es el Dios, lo amarás con todo tu corazón, con toda tu mente, con todo tu ser». Hasta el israelita más niño sabía repetir esa fórmula del monoteísmo: Uno solo es el Señor.

b) UN DIOS VIVENCIAL

Pero ese Dios uno y único, es un Dios vivencial. Un Dios que vive la historia, un Dios que no es absoluto lejano, un Dios que el pueblo lo siente en las vicisitudes de la historia y él sabe, ese pueblo que tiene su propia historia, que Dios lo ha escogido como un padre a su primogénito. Asi se llama Israel en la Biblia, el pueblo promogénito, el más querido, el que siente a Dios como un Padre, el que va con él en todas las situaciones difíciles o gloriosas de la historia.

Miren, hermanos, como ha pasado, todo ese concepto a nuestra hora actual. He aquí unas palabras del Concilio Vaticano II en que, ni más ni menos, el Dios de los cristianos de 1978 es este Dios monoteísta y vivencial. Y por eso quisiera que esta homilía despertara en el corazón de los hombres, principalmente de los más alejados, de los más pesimistas, de los más injustos, de los más pecadores, la conciencia que debió despertar Moisés cuando reclamaba la adoración y el cariño, la gratitud, el amor, la obediencia, a este Dios que no es un extraño sino que va con nosotros.

El Concilio Vaticano II dice esto: «El pueblo de Dios movido por la fe que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor que llena el Universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos de los cuales participa juntamente con sus contemporéneos, los signos verdaderos de la presencia y de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas.» ¡Qué preciosa Teología de los signos de los tiempos! Los mismos signos de los tiempos, lo estamos viviendo los que tenemos fe en Dios y los que no tienen fe en Dios. El Salvador, este pequeño país, está compuesto de crédulos y de incrédulos, de hombres de fe y de hombres sin fe. Unos y otros viven los mismos signos, unos y otros viven las realidades de las cuales voy a hablar al final, unos y otros han sentido en esta semana los secuestros, las violencias, las injusticias. Pero mientras para el que no tiene fe ésto supone un callejón sin salida, un fracaso de la historia: para quienes tienen fe_ dice el Concilio_ sabiendo que al pueblo creyente lo va conduciendo el Espíritu de Dios, lo hace interpretar en una forma más humana los acontecimientos de la historia.

Este es el Dios verdadero, el Dios vivencial, el Dios de Moisés, el Dios de la historia que no solamente salva en la historia de Israel sino que salve en la historia de El Salvador, y ha puesto una Iglesia para que proclame esa fe en el Dios verdadero y purifique del pecado la historia y santifique la historia para convertirla en vehículo de salvación. Esto quiere la Iglesia en El Salvador: hacer de nuestra historia Patria no una historia de perdición, no una historia de ateísmo, no una historia de abusos y de injusticias; sino hacer una historia que corresponda a los ideales de Dios que ama a los salvadoreños.

Si Moisés hubiera sido salvadoreño en 1978, hubiera oído junto a la zarza ardiendo, la misma voz del Yahvé que escuchó cuando lo mandó a sacar al pueblo de la tiranía del Faraón: «Soy el Dios que está con vosotros.» Hermanos, llenémonos de esta gran confianza en este día en que nuestra Iglesia nos invita a ir a las fuentes de nuestra esperanza, de nuestra religión; encontrarnos con el Dios verdadero, el Dios que nos ama como padre a su familia.

2º EL DIOS DE CRISTO

No es difícil entonces pasar al segundo pensamiento. Como dice San Pablo, una frase pintoresca, bellísima: ¡El Dios de nuestro Señor Jesucristo! Repitámoslo mil veces en nuestra meditación y sepamos que ese Dios de mi pueblo es el Dios de nuestro Señor Jesucristo. Para eso vino Cristo al mundo.

Aqui tenemos la tercera lectura de hoy, el evangelio, en que el mismo Cristo nos está diciendo la gran revelación: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo, para que no perezca ninguno de los que creen en él sino que tenga vida eterna». Para ésto viene el mensajero de la vida eterna, el Hijo único de Dios, aquel q
e en su esencia divina ha recibido en calidad de Verbo, de Hijo, toda la naturaleza eterna de Dios, toda la vida que no tiene fin, la luz de todas las tinieblas, la solución de todos los problemas, el amor de todas las desesperanzas, la alegría de todas las tristezas. Quien tiene a este Hijo de Dios no le falta nada.

EL QUE CREE EN MI, NO SERA CONDENADO

«El Reino de Dios ya está dentro de vosotros -decía Cristo- si lo aceptáis». Por eso la tremenda palabra con que termina hoy el evangelio: El que cree en él, no será condenado, pero el que no cree-óiganlo bien hermanos- el que no cree en este Hijo de Dios…» El que no cree en este Cristo, el que no cree en esta Iglesia que es su esposa y su prolongación, ¿qué sucede con él? No habla en futuro que será condenado, sino que aquí traslada el futuro del que será condenado ya con una condenación presente, dice: «El que no cree ya está condenado porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. «Ya es un infierno el corazón del hombre incrédulo. No se cómo pueden vivir los hombres sin fe. No sé como pueden vivir los materialistas. No sé como pueden vivir los idólatras de las idolatrías de la tierra, los que por defender estas cosas mezquinas, pasajeras del mundo que han de dejar con su muerte, dejan de amar y de creer aquel que trajo la vida eterna y nos pide como condición para dárnosla, que creamos en El y que nos demos así como el Padre en señal de amor no entrega a su Hijo. Fíjense que palabra, es palabra sacrificial, «entregar». Como cuando Dios le pide a Abraham que le sacrifique a su hijo Isaac, Abraham se lo entrega; como cuando una persona enamorada le pide a otra persona, objeto de su amor: si me quieres entrégame tal cosa, y a veces, entrégate a tí mismo. Esa entrega, ese darse, Dios lo ha realizado: «De tal manera amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo para que salvara al mundo». Pues asi también dice Cristo en respuesta: «el que cree en él…» Creer es entregarse, creer no es sólo asunto de cabeza. Las verdades eternas sí hay que creerlas, pero no basta.

Dice Santiago: «También el diablo cree que Dios existe y, sin embargo, no se salva nunca». Creer no es sólo cosa teórica, creer es un acto de voluntad, creer es María cuando le dice al ángel: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Eso es fe: entregarse.

Fe en la del niño cuando el papá poniéndole las manos le dice: «!tírate!» Y el niño se lanza al vacío con la seguridad de que las manos de su padre no lo dejarán caer. Esto es fe. Esto es lo que dice Cristo: «El que cree en Mí, no será condenado». El que se entrega, el que no desconfía, el que aún en las horas más difíciles cree y espera, no será condenado; pero el que no cree, el que no quiere dar el brinco a los brazos de Cristo porque está más aferrado a sus cosas terrenales, el que no cree, el que no tiene confianza en Dios, el que no cree que Dios va con nuestra historia y nos va a salvar, ya está condenado, ya su vida es un infierno. Por eso quizás hay tanto infierno en nuestro ambiente, porque son acciones diabólicas las que estamos sufriendo… y la fe en el corazón de los salvadoreños.

DIOS ES AMOR QUE PARTICIPA CON TRES PERSONAS: PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO

¿Qué otra cosa es el Dios de nuestro Señor Jesucristo? El Dios de nuestro Señor Jesucristo no es un Dios único y solitario. Aquí viene la gran revelación que le dá nombre a la festividad de este domingo, domingo de la Santísima Trinidad.

Fue Cristo el que nos vino a hablar de que él es hijo de un padre; y que con el padre nos enviará después de su muerte y su resurrección, un Espíritu Santo que vendrá a enseñarnos la verdad y a fortalecer esta Iglesia. He aquí la revelación grande. Dios no es un ser solitario, Dios es tres, Dios es familia, Dios es comunión, Dios es amor que participa con tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Allá en el Jordán, cuando Juan Bautista bautiza a Cristo, el evangelio nos hace esta gran revelación: La voz del Padre que se oye: «Ese es mi Hijo muy amado», y la presencia del Espíritu que exhala el amor del Padre y del Hijo en forma de una paloma blanca que posa sobre la cabeza del bautizado divino, el Espíritu Santo. Lo mismo fue en el Tabor, el Padre y la nube luminosa que es como el Espíritu y el Hijo envuelto en esa nube de amor y de gloria: Padre Hijo y Espíritu Santo. A Cristo le debemos la gran salvación de que Dios puede ser amor porque no es un gran egoísta solitario. Es amor porque se transmite y se entrega toda su naturaleza divina. Sin perderla, el Padre dá al Hijo y al Espíritu Santo; sin perderla, el Hijo la dá al Padre y al Espíritu; y sin perderla, el Espíritu la dá al Hijo y al Padre. El gran misterio que solamente cuando Dios nos conceda en la gloria lo que los teólogos llaman el «lumen glorie» _ la luz de la gloria_ para comprender las cosas sobrenaturales, veremos qué inmensa fuente de luz, de alegría, de amor, tiene que ser la Santísima Trinidad.

Tal vez el nombre, un poco femenino, no nos dice toda la majestad y la belleza de ese Dios trino y uno, de ese Dios majestad y poder, de ese Dios amor y sabiduría; de ese Dios creación de todo cuando existe. Ahí sí vendría bien, a la luz de este amor trinitario, comprender la belleza de la creación. Sólo cuando vemos al Dios de nuestro Señor Jesucristo iluminando nuestras auroras y nuestros mares y nuestros volcanes, entonces sí comprendemos que Dios haya creado un mundo por amor para darlo a sus hijos, con quienes quería entablar una comunión de familia. Y así la tierra se comprende que gima bajo el peso del pecado, porque los hombres no han sabido comprender que todo cuanto se ha creado es para la felicidad de todos los hombres y no para instalarse cómodamente en esta tierra.

3º EL DIOS DE SAN PABLO

Y finalmente, queridos hermanos, el Dios de San Pablo. Y aquí sintámoslo ya nosotros una sóla cosa con Pablo, el gran cristiano, el Dios de nuestra comunidad. Es la segunda lectura donde se contiene uno de los pasajes más nítidos de las funciones de esa Santísima Trinidad en relación con los hombres. Y si nuestro Dios es un Dios vivencial, un Dios de nuestra historia, un Dios de nuestra Iglesia, aquí tenemos hermanos, para profundizar ¿qué está haciendo este Dios Padre Hijo y Espíritu Santo? No solamente conversando y siendo felices allá en su cielo y olvidándose de la tierra, como tres grandes señores que sumamente felices no les importa la caravana de peregrinos que ha creado. No, al revés. Ese Dios como que vuelca toda su capacidad de Dios sobre esta comunidad que quiere ser la Iglesia; y la Iglesia, fermento de la comunidad de toda la humanidad.

Miren lo que dice San Pablo: «La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros». A mí me parece esta palabra como la de la primera lectura cuando nos dice: «El Señor bajó en la nube y se quedó con Moisés allí y Moisés pronunció el nombre del Señor». Esto es la Iglesia, un Sinaí donde Dios ha bajado y se queda con nosotros. ¡Ah! si lo sintiéramos hermanos. ¡Ah! si sintiéramos esa presencia divina como la sentía Moisés en la cumbre del Sinaí. La Iglesia es el Sinaí donde ha bajado la Trinidad Santísima en esas tres grandes donaciones que San Pablo menciona hoy: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo», el Hijo en primer lugar porque él fue el mensajero y por él conocimiento lo primero. El nos dió la gracia. Gracia quiere decir el perdón de sus pecados; gracia quiere decir el habernos hecho hijos de Dios; gracia quiere decir el bautismo que hizo de tu niños, de un hijo de la carne un hijo de Dios; gracia quiere decir la mano del confesor que tú, agobiado de pecados, sientes que te quita toda la carga; yo te absuelvo de tus pecados; la gracia de nuestro Señor Jesucristo es mi mano cuando dentro de un momento les voy a dar la comunión, el cuerpo de Cristo, la vida de Dios. Mi palabra no es mía sino palabra de Dios y si llega al corazón de muchos que necesitan luz, consuelo, alegría, esperanza, no es virtud mía, es Dios que por mi medio está comunicando la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

El amor de Dios, el amor del Padre, de allá arrancó todo. Tanto amó Dios al mundo, hermanos, no nos hemos redimido porque haya existido un sólo hombre que haya sido digno de atraer de Dios su perdón, su reconciliación. Todo arrancó de una iniciativa divina, no lo olvidemos. Cuando nos sintamos mejores que otros no nos enorgullezcamos porque todo procede de Dios. El que tú no hayas caído en crímenes que criticas, se lo debes a Dios que no te haya dejado caer. Y el pecador que ha caído en los abismos más profundos, sepa que su redención no depende de él sino de Dios. Pídale misericordia. Por eso decimos al principio de la Misa: «Dios tenga misericordia de nosotros». La iniciativa de Dios, de donde arrancó el deseo de enviar a su Hijo, todo fue una iniciativa de Dios, el amor del Padre. Y cuando el Padre envió al Hijo y el Hijo redimió al mundo muriendo en la cruz y retornando al cielo, de aquel cielo viene _dice San Pablo_ la comunión del Espíritu Santo. Comunión, una vida común, un lazo que une la vida de Dios y la vida del hombre. Una corriente que circula de Dios a la humanidad y de la humanidad a Dios. Esta es la religión, esta es la Iglesia.

Por eso en la Iglesia están estas energías: la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo. Miren como la Trinidad Santísima logra entonces hacer de los hombres la comunión, la comunidad. Y esto es la Iglesia.» La Iglesia _ dice el Concilio desde su primera línea_ es el sacramento que une a lo hombres con Dios y une a los hombres entre sí.

Ahora si quiero fijarme, queridos hermanos, cuando yo pienso en esta comunidad de hombres y concretamente de nuestra querida arquidiócesis, la siento tan divina que siento aquí la iniciativa de Dios que nos congrega, la gracia de Jesucristo que nos da fe y la comunión en el Espíritu Santo que nos conglutina, que nos eleva, que nos alegra, que nos consuela. Pienso en este instante, en esta comunión Arquidiócesis, peregrina en estos cuatro departamentos, tan bonita, tan encantadora en sus Comunidades de Base, donde los hombres, los jóvenes, las mujeres, se conocen cada vez más íntimamente y sienten que en su corazón que los une, está el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión del Espíritu Santo.

Por eso insisto tanto, queridos hermanos, en que haya más y más comunidades de Base. No es un invento de nuestros últimos tiempos, es la gran necesidad de que los hombres cristianos se conozcan, se amen, vivan juntos concientizándose en esta energía divina.

HECHOS DE LA SEMANA: HECHOS ECLESIALES

Es aquí donde yo quisiera ahora alegrarme con esta comunidad que ha vivido en esta semana momentos muy felices, como fue el día del Seminario. El resultado ha sido mucha oración por los seminaristas y también mucha ayuda, aunque no toda la necesidad, pero de manera especial quiero agradecer a la Jornada del Sacrificio Voluntario que por medio de la Srta. Refugio Alvarez, entregó como fruto de su sacrificio ¢1.000.00 para el Seminario.

En este mismo ambiente y como un signo sensible de esta comunidad que es la diócesis, se levanta este templo, la Catedral, que precisamente por ser el signo de la Iglesia tiene que ser el blanco de las contradicciones, objeto de muchas murmuraciones pero también objeto de mucha generosa colaboración. Yo les invito a mirar hacia arriba cuando salgan de la Misa y se den cuenta de lo avanzado que van los trabajos de nuestra cúpula y que nos animenos a ayudarla, que la construcción de una Iglesia tiene que ser el producto de todo: No tiene que ser solamente la ayuda, el subsidio, la cosa oficial, sino que tiene que ser el esfuerzo_ aunque pequeñito_ de todos los que nos sentimos miembros de esa Iglesia significada en su Catedral.

Me quiero alegrar también al hablar de esta comunidad que el espíritu de Dios ha creado en nuestra tierra, mi visita inolvidable a la Laguna, a Comalapa, a la Junta. Tres pintorescas comunidades en aquellas pintorescas lejanías del departamento de Chalatenango. ¡Qué amor del Padre hay en aquellos corazones, que gracia de Jesucristo hay en la santidad de aquella gente y que comunión en el Espíritu hay en aquel amor que hacía sentir un sólo corazón y una sola alma en las misas que allá celebré, y sobre todo en las reuniones que luego tuvimos con los agentes de pastoral!

Igualmente sentí esta comunión en el Espíritu, anoche, cuando estuve en la colonia Morazán junto con las religiosas de la Asunción y los que allá patrocinan la co-familia de Dios. Zona muy pobre pero que el amor la hace feliz.

Hablando también de estas misioneras, alma del trabajo en aquella zona chalateca, las Carmelitas Misioneras, a quienes felicito de todo corazón.

Y una felicitación también a las Franciscanas de la Inmaculada que ayer celebraron 50 años de vida en El Salvador; desde que Monseñor Belloso y Sánchez las instaló en Zacatecoluca y que ahora florecen con muchas vocaciones en todo Centro América.

Esta comunidad Arquidiócesis, quiere también avisar para que celebremos con mucho entusiasmo nuestro Corpus que va a ser el próximo domingo. Propiamente sería el jueves de esta semana; pero como ya lo hemos dicho, estas fiestas importantes se trasladan al domingo. Y el domingo a las 4 de la tarde, aquí en Catedral, les espera a todos para que celebremos nuestra solemnidad de Corpus como un homenaje a aquel Cristo que es alma de nuestra Iglesia.

HECHOS DE LA VIDA CIVIL

Ahora bien, hermanos, desde esta comunidad animada por el Espíritu de Dios, como Israel en Egipto o en su peregrinar por el mundo, sentimos también que va pasando nuestra peregrinación por horas muy difíciles.

Y aquí quiero mencionar atentados terroristas de esta semana. Se ametralla la Corte Suprema de Justicia. Se secuestra a don Ernesto Sol Meza, a don Luis Méndez Novoa y al Sr. Fujío Matsumoto. Y una vez más tenemos que decir no a la violencia y recordar ante estos tres nombres y estas tres familias que están sufriendo esta situación, la palabra y el recuerdo del Papa Pablo VI que, precisamente en estos días, ha pronunciado otro No a la violencia a propósito del secuestro y asesinato del político y cristiano, Aldo Moro.

Por falta de tiempo no les leo el precioso mensaje escrito con su propio puño y letra del Papa Pablo VI a los secuestradores para decirles: «No los conozco, pero sí que deben tener un poquito de sentimiento humano con alguien que no merece esa suerte, que es digno de todo nuestro aprecio». Podemos decir, hermanos, la violencia no se puede justificar, siempre es inútil, siempre hace mucho mal. Y si es cierto que en la moral católica hay situaciones de guerra justas, pero es cuando se han agotado todos los medios razonables, pacíficos.

Y por eso también, en esta señalación de represiones y de violencias, mencionemos la toma de la Cruz Roja por el Comité de Madres de Presos Políticos.

Mencionemos el Ejército reprimiendo una manifestación de campesinos en Zacatecoluca y como consecuencia: dos muertos perseguidos hasta el Cantón El Espino.

Recordemos también que hace un año fue ocupada y ultrajada la población de Aguilares, profanada la parroquia, expulsados tres sacerdotes que nos ayudaban tanto en aquella región.

He de mencionar también en este ambiente de violencia, el ultraje de qué fue víctima el querido sacerdote Francisco Mejía, recordándoles que todo aquel que pone manos violentas en un sacerdote, queda por el mismo hecho excomulgado; y aunque no se crea en la excomunión, es un hecho que Dios margina de la comunión de su amor en el espíritu a aquel que comete pecados tan graves.

También en esta semana se terminó la última etapa del Seminario sobre la Reforma Educativa y quiero felicitar a los representantes de la Iglesia que hicieron oír la voz de sus criterios. Y espero que una representación tan conspícua, como f

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