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El don más grande de la Pascua- el dinamismo del amor

El don más grande de la Pascua- el dinamismo del amor
HOMILIAS 1979

Homilía del 6o. domingo de Pascua

20 de mayo de 1979

Lectura:
Hch 10, 25-26, 34-35, 44-48
1a. Jn 4, 7-10
Jn. 15, 9-17

Hermanos:

No olvidemos que hoy día domingo es día del Señor y que la Iglesia ha organizado en torno del misterio del Señor, Jesucristo, todo el año litúrgico; que no sean las circunstancias temporales, políticas, etc. las que nos hagan perder de vista la perspectiva de nuestro viaje, de nuestro itinerario. La Iglesia conduce a la humanidad por en medio del vaivén de la historia con un horizonte muy seguro y lo principal de nuestra palabra quiere ser eso: La orientación que, la Iglesia nuestra Madre y Maestra, nos ofrece en medio del tiempo. Así es como el año litúrgico se va desarrollando en torno de la sólida meditación del misterio salvador de Jesucristo.

-Año litúrgico: el tiempo pascual toca a su fin: Ascensión, Pentecostés.

No olvidemos que nos encontramos ya llegando casi al término del tiempo litúrgico de la Pascua. Tiempo pascual que abarca desde la noche de la resurrección del Señor: El Sábado Santo hasta el domingo próximo que es la venida del Espíritu Santo: Pentecostés, palabras de plenitud que significa cincuenta días de pascua. Son los cincuenta días que quieren subrayar bien hondo en la espiritualidad de los cristianos, el motivo de su fe, de sus esperanzas, de sus alegrías, de su caminar sereno en medio del tiempo. Cristo ha resucitado y vive en medio de nosotros.

-Frutos pascuales. Cada domingo hemos señalado uno…

Todo este tiempo pascual, los cincuenta días que ya están llegando a su término, tienen como objeto ofrecernos como en una síntesis, todas las riquezas de los trabajos de Cristo, de su redención que se nos ofrece como dones pascuales, dones de la Pascua que hemos ido meditando en estos domingos después de la Semana Santa. El próximo domingo será ya la fiesta de la Ascensión del Señor y dentro de quince días coronaremos nuestra Pascua con la fiesta de Pentecostés, fiesta de la venida del Espíritu Santo, a inaugurar y a presentar al mundo la Iglesia que ahora somos nosotros que continúa caminando con la seguridad de que Cristo vive en medio de ella.

-Hoy: El amor. El amor es el estilo y espíritu de la Nueva Alianza.

Entre los dones pascuales que hemos ido pensando, destacando de la liturgia en estos domingos, es el amor. Toda la palabra de hoy nos habla del don más grandioso de la Pascua: El amor. El amor es el estilo y el espíritu de la nueva alianza que Dios ha querido pactar con los hombres. La alianza y la pascua son inspiraciones de Dios, bajo este espíritu de Dios que es el amor.

-Diversas alianzas que preparaban esta alianza de amor.

Recordarán ustedes que toda la cuaresma estudiamos esos proyectos de Dios en el Antiguo Testamento: Las viejas alianzas que no eran más que presagios de la Nueva Alianza. Y la Semana Santa la celebramos bajo ese título: La celebración de la alianza nueva. El Jueves Santo, recuerdo en la Misa de la Institución de la Eucaristía, hablamos precisamente del amor que caracteriza esa alianza que es Cristo, Dios quiere firmar con los hombres. Hoy retorna ese tema porque todas las lecturas nos hablan del amor. Al leer hoy la palabra de Dios, me he acordado de una síntesis que el Concilio Vaticano II hizo cuando habla de la Iglesia como nuevo Pueblo de Dios. «El nuevo Pueblo de Dios – es la de los hijos de Dios en cuyos corazones habita el Espíritu Santo. -Y sobre todo esta frase-, este Pueblo de Dios tiene por ley el mandato nuevo de amor como el mismo Cristo nos amó a nosotros. Y tiene como fin- fíjense cuál es el fin de la Iglesia en la tierra- el dilatar más y más el Reino de Dios, iniciado por el mismo Dios en la tierra…»

Para eso estamos nosotros congregados en nuestra Misa dominical; para eso nos hemos bautizado; para eso integramos el Pueblo de Dios; para vivir esta dignidad y esta libertad de los hijos de Dios y para colaborar con toda nuestra vida a que se implante ese Reino de Dios en el mundo. Pero no seremos buenos constructores de ese Reino de Dios, si no comprendemos esto sobre todo: Nuestra ley es el mandato nuevo del amor.

A eso se refiere toda la liturgia de la Palabra de hoy. Hay muchos- y en nuestro tiempo abundan -que han perdido su fe en el amor. El Documento de Puebla- que ya está circulando- dice entre otras cosas: «A primera vista el amor parece una expresión sin la energía necesaria para enfrentar los graves problemas de nuestra época». ¡Qué certeza esta idea! Para muchos, esto que voy a predicar esta mañana se margina por sí solo, no le dan importancia, no quieren oír hablar de amor, quieren hablar sólo de violencia, de odio, de reivindicaciones justas, de derechos. Todo eso no es el lenguaje de Jesucristo y de su Iglesia. Las reivindicaciones, las luchas sociales que la Iglesia acompaña, las acompaña con amor, y les dice a todos los protagonistas de la historia que sin la fuerza del amor no se construye nada sólido.

Muchos piensan- dice Puebla- que al amor… «es una expresión sin la energía necesaria para enfrentar los graves problemas de nuestra época. Sin embargo- continúa diciendo-, os aseguramos no existe palabra más fuerte que ella en el diccionario cristiano. Se confunde con la propia fuerza de Cristo. Si no creemos en el amor, tampoco creemos en AQUEL que dice: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis los unos a los otros como Yo os he amado».

Yo quisiera que en esta mañana- a la luz de nuestras reflexiones sobre la Palabra de Dios que nos inculca el amor como la energía del cristiano- nosotros reconfirmáramos nuestra fe en el amor. El amor no es cobardía, el amor no es pasivismo; el amor es fuerza, tanta fuerza que es la única que ha salvado al mundo. ¡No hay otra salvación más que la del amor de Cristo que nos trajo el amor redentor de Dios!

EL DON MAS GRANDE DE LA PASCUA:
EL DINAMISMO DEL AMOR

1. Dios es amor y fuente de amor.

2.Cristo es la revelación del amor de Dios entre los hombres.

3.Los cristianos somos los responsables del dinamismo del amor.

Si el mundo no se salva a pesar de que hay tantos cristianos, es porque no hemos respondido a esa tremenda responsabilidad: Somos los depositarias de la energía salvadora del amor. Y el llamamiento de esta mañana es: Hacer uso, poner en experiencia, la energía del amor que depositado está en nuestro corazón.

1. DIOS ES AMOR Y FUENTE DE AMOR

Invitación de las lecturas a una alta contemplación.

Hoy las lecturas nos remontan a la más alta contemplación. Hoy nos hemos remontado como el águila hasta los cielos más elevados: Allá donde nace el amor.

a) Dios es la fuente del amor

Hoy nos ha dicho el mismo Jesucristo en el evangelio que se ha leído: «Como el Padre me ha amado, así os he amado. Yo». Y San Juan que escribió esa preciosa frase de Cristo por su propia cuenta; como asimilando toda esa lección de Cristo, dice: «El amor es de Dios, Dios es amor».

-Origen de las relaciones divinas

Cuando la Palabra de Dios nos ofrece estas revelaciones tan altas, podemos decir: Que el origen de las relaciones divinas, como el Padre engendra al Hijo en el Espíritu Santo por toda la eternidad, es su actividad de pensamiento, de amor, de caridad por los siglos eternos. Diremos que nos ha revelado Cristo: «Así como mi Padre me ha amado…» quiere decir: Esta es la relación entre el Padre y el Verbo que soy Yo hecho carne, es relación de amor. La fuerza que une a las tres personas de la Trinidad Santísima en la intimidad grandiosa de Dios, es el amor.

Por eso el Concilio Vaticano II, teniendo en cuenta estas perspectivas altísimas de Cristo y de su evangelio en la última Cena, dice: «El Señor… Abriendo perspectivas cerradas a la razón humana, sugiere una cierta semejanza entre la unión de las Personas divinas y la unión de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad. Esta semejanza demuestra que el hombre… no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás».

«Como mi Padre me ha amado, así os amo yo y así tenéis que amaros vosotros». ¿Cómo ama el Padre al Hijo? Dándole toda su naturaleza de Dios, entregándosele por completo. No son tres dioses- dice el catecismo- sino un solo Dios, una sola naturaleza que se entrega por amor a las tres divinas personas.

Que hermoso sería el mundo el día en que los hombres pusieran toda la plenitud de su desarrollo, toda la grandeza de sus ideales, en darse a los demás. Lo que empequeñece a los hombres, como por un imposible también destruiría a Dios, es el egoísmo. El día en que el Padre diga: Toda mi naturaleza para mí, nada para los demás, no existiría Dios ya. Dios es amor es darse; Dios es entregarse, todo es común en las tres divinas personas. Como mi Padre me ama, entregándome todo, así yo os amo, entregándoos todo.

b) Dios tomó la iniciativa de esta alianza del amor

«El amor es de Dios- nos ha dicho la segunda lectura-, Dios es amor», pero ahora descendemos de esa fuente altísima con la palabra de Dios que estamos autorizados para decir que toda la iniciativa de venir a redimir a los hombres, partió del amor de Dios. Y San Juan nos ha dicho en la segunda lectura de hoy: «En ésto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo…» El amor es iniciativa, el amor no está esperando gratitudes ni admiraciones, sino que ama como las madres aman, sin esperar del hijo que ni cuenta se dá de sus desvelos, de sus sacrificios. Así nos ama Dios, se entrega a nosotros aún cuando nosotros no pensábamos en él, aún cuando éramos sus enemigos por el pecado. El miró nuestra desgracia y manda a su Hijo a salvar al mundo.

Miren como estamos aprendiendo en la misma escuela de Dios, la generosidad que hoy hace falta en el mundo. No es necesario esperar que el desgraciado tienda su mano para pedirme. Yo debía tener, como Dios, la iniciativa de socorrer aún cuando él no se acuerde de mí. Por eso decimos que Dios es la fuente del amor. Y cuando Cristo concreta esta iniciativa de Dios en su relación con los apóstoles, les dice esta bella palabra que se dice en el día de nuestra ordenación sacerdotal: «No me habéis elegido vosotros, Yo os he elegido». Somos amigos no porque ustedes me hayan buscado. Yo os he buscado. Ustedes me han sabido responder, pero Yo tuve la iniciativa de llamarlos.

Qué dulce es pensar, que esta mañana, todos los que estamos aquí es por iniciativa de fe; porque hemos venido a adorar a nuestro Dios en el día domingo, porque buscamos a Dios; no somos nosotros los que hemos tenido la iniciativa de venir a Misa, es Dios que nos ha dado la salud, que nos ha dado la buena voluntad, que nos ha dado la iniciativa misma para que nosotros como que creamos que nosotros buscamos a Dios! Pero Cristo nos revela: No son ustedes los que me han buscado, Yo los he llamado, Yo les he dado capacidad de venir. Ustedes han sabido responder, pero Yo estoy al principio de esta relación de amor que existe entre ustedes y Yo.

Es hermoso pensar que Dios toma la iniciativa en esta alianza de amor y que nosotros no nos toca otra cosa que responder. El amor no lo creamos nosotros, lo ha creado Dios; y si la madre es capaz de amar a su hijo, es porque Dios ha puesto en el corazón de la mujer, amor de madre. Si hay matrimonios que se aman hasta la muerte con una fidelidad ejemplar, ese amor viene de Dios. Si hay amor a nuestra patria y hay amor en nuestro sacerdocio para el servicio del pueblo, con toda sinceridad amamos y quisiéramos parecernos a Dios, es porque de Dios deriva el amor.

Es una mañana ésta, para darle gracias a Dios por la gran cantidad de amor que tenemos en nuestro corazón. ¿Quién de nosotros no es capaz de amar, de perdonar, de comprender? ¡Qué riqueza, qué ánforas llenas de amor las que están aquí haciendo esta reflexión! Pensar que todas esas ánforas las ha llenado Dios y nuestra capacidad de tener distintos modos de amar, es porque Dios nos lo ha dado. El amor es de Dios- dice San Juan-, es de Dios, respetémoslo, no lo profanemos, no lo prostituyamos convirtiéndolo en falso amor. ¡Conservémoslo, acrezcámoslo, es de Dios! ¡Dios es amor!

2. CRISTO ES LA REVELACION DEL AMOR DE DIOS ENTRE LOS HOMBRES

a) Su relación con nosotros ejemplariza su relación con el Padre.

Comienza el evangelio diciéndonos: «Como mi Padre me ha amado, así os he amado Yo». ¿Queréis conocer el amor que existe en mi Padre? Fijáos como Yo os amo. Es la revelación. Y cuando lleva este amor del Redentor de los hombres a dejarlo crucificado, deshecho por amor a nosotros, comprendemos: Así lo ama el Padre a él y así nos ama Dios a nosotros: desinteresadamente.

b) El Padre lo envía

Cristo nos revela el amor del Padre porque es el Padre quien lo envía, nos lo ha revelado la segunda lectura de hoy: «En esto se manifiesta el amor que Dios nos tiene: En que Dios mandó a su propio Hijo para que vivamos por medio de él». Diríamos que es una locura la de un padre al entregar a su hijo para redimir a otro ser extraño. Pues esa es la locura de Dios: Nos dio a su propio Hijo para salvarnos a nosotros que éramos sus enemigos. Tomó la iniciativa y Cristo nos ha revelado que él ha venido, no por voluntad propia, sino enviado por el Padre. Siempre se presentó así, enviado por el Padre: La doctrina que les predico, es el Padre que me manda a decírselas. Todo es originario en Dios.

En Cristo, Dios entabla con los hombres una serie de relaciones que a la luz de la palabra de Dios, hoy domingo del amor, pueden resumirse así como he tratado de resumirlas yo.

-En Cristo, Dios nos revela su amor. ¡Qué preocupación la de Cristo al predicar! Convencernos que Dios nos ama: «Mi Padre os ama». ¡Qué mensaje más bello! Sólo eso que nos hubiera dicho Cristo: «Vengo a revelarles que el Dios que los ha creado, los ama. Y en los momentos difíciles de su historia- como está hoy nuestra Patria- y en los momentos amargos de nuestro hogar desolado, de nuestra enfermedad, de nuestra tristeza; cuando parece que el hombre puede decir como Cristo en la cruz: «Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¡No nos ha desamparado, es cuando está más cerca! Esta aquilatando tus méritos. Te está probando que en la hora de la amargura no te abandonará y te hará asumir después, en la gloria de tus méritos, esos momentos amargos que ahora no los comprendes, como el oro no comprende cuando está en el crisol, todo el fuego que le está madurando.

En Cristo, Dios nos perdona. Nos lo ha dicho la segunda lectura hoy: «Dios envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados». Hermanos, no confiemos que Dios nos va a perdonar por nuestros méritos humanos. Si confiamos que Dios que va a perdonar y me va dar su cielo a pesar de mis muchos pecados, es por Cristo Nuestro Señor que pagó por mí. Recordemos la historieta que les conté un día, de la artista que había puesto todo su afán en ganar aplausos y en vanidades. Y a la hora de morir presentarme a Dios. El sacerdote tuvo la feliz ocurrencia manos lloraba ante el sacerdote Padre, ¡me siento vacía! mis manos están vacías para ponerle su crucifijo en sus manos: «ya no están vacías, preséntese con Cristo». ¡Cristo es el mérito de todas las manos vacías!

Hagamos nuestros los méritos de Cristo crucificado. Dios lo envió para que fuera propiciación por nuestros pecados. Si no nos perdona Dios en atención a nuestra humildad, a nuestra pequeñez, a nuestra oración, nos perdona en atención a que Cristo cargó sobre sus espaldas mis pecados y los pagó en la cruz. Cuando yo hago mía, por una solidaridad de fe y de amor, la muerte de Cristo en la cruz, Dios me perdona; no por mí, sino por el Cristo que se dejó crucificar por mis pecados. El es propiciación por nuestros pecados. En Cristo, Dios me revela su amor, su perdón; me perdona por más graves que sean mis culpas.

-En Cristo, Dios establece una relación de amistad ¿Qué otra relación establece Dios con los hombres en su Hijo Jesucristo? Lo más hermoso, hermanos, una relación de amistad. Nos lo ha revelado Cristo en el evangelio de hoy
«Ya no os llamaré siervos, esclavos, criados, -porque esa categoría de relaciones entre el patrón y el esclavo, no entabla confianza-, Yo os llamo ya amigos, porque os he revelado todo lo que mi Padre me ha dicho». El hijo entra en la confidencia de la familia y vosotros sois hijos y sois mis amigos.

Yo tuve la dicha de conocer la tumba que la tradición dice que es la tumba de Abraham. Un solo nombre lo dice todo: «El Kalil», «El amigo» define la Biblia a Abraham: «El Amigo de Dios». El que platicaba con Dios como un amigo o como nos dice la Biblia de Moisés: platicaba cara a cara con Dios, como un amigo platica con otro amigo. Esta es la relación que ha establecido Dios con sus cristianos. En Cristo Jesús nos ha mandado a llamar para decirnos: Ya no los quiero llamar siervos, les voy a llamar amigos ¡Que hermosa liberación!, somos libres porque Dios nos ha hecho casi sus iguales, sus amigos. Ya no hay secretos entre Dios y yo. Platicamos como amigo con amigo. Todos ustedes, queridos hermanos, pueden hoy mismo entablar con Dios una conversación de amigos. Esto es revelar Cristo el amor que el Padre nos tiene. Quiere hacerse nuestro amigo.

Si conmovió tanto Juan Pablo II en su viaje a México, es porque, ante todo, quiso aparecer como el amigo. Se ponía los sombreros de los mejicanos, abrazaba a los niños de las mujeres mejicanas, conversaba con los obreros y los mendigos; un amigo en medio de amigos: El Papa. Pero más que el Papa es Dios que en Cristo se ha querido hacer amigo de todos los hombres, hasta del más grande pecador si se arrepiente.

-En Cristo nos ha revelado el Padre un relación de consuelo y alegría. En estas horas de pesimismo de la patria, cuando muchos creen que ya no hay remedio, qué hermoso es oir a Cristo que nos dice en el evangelio de hoy: «Para que por estas palabras tengáis mi alegría y tengáis la plenitud de la alegría». No hay derecho para estar tristes. Un cristiano no puede ser pesimista. Un cristiano siempre debe de alentar en su corazón la plenitud de la alegría. Hagan la experiencia, hermanos, yo he tratado de hacerla muchas veces y en las horas más amargas de las situaciones, cuando más arrecia la calumnia y la persecución, unirme íntimamente a Cristo, el amigo, y sentir más dulzura que no la dan todas las alegrías de la tierra. La alegría de sentirse íntimo de Dios aún cuando el hombre no lo comprenda a uno. Es la alegría más profunda que pueda haber en el corazón.

Cristo, que estaba precisamente en la noche trágica de su vida cuando al día siguiente hasta sus discípulos lo iban a abandonar, les dice esta palabra de alegría, -El sin duda, que al subir al Calvario en medio de las amarguras de la pasión, en el fondo de su alma había una plenitud de alegría porque estaba haciendo la voluntad de su Padre, y sentía que Dios no lo abandonaba aún cuando aparentemente parecía un abandono de Dios-: «Para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud».

-Finalmente, en el evangelio de hoy se revela otra maravilla que Cristo hace en nombre del Padre: Personificar nuestra oración. Hoy nos lo ha dicho: «Todo lo que pidáis a mi Padre en mi nombre, se os dará». ¡Qué más queremos! Y quien nos ha dado a su propio Hijo, ¿cómo nos va a negar lo demás que vale menos que su Hijo? No hagamos consistir la vida en bienes transitorios. Pidámosle al Padre los grandes bienes pascuales. Pidamos para nuestra tierra, para nuestra Patria la paz, la justicia, el amor. Si no lo hemos, alcanzado es porque no hemos puesto en práctica estas promesas de Dios. Pero el día en que todo el pueblo salvadoreño, convencido de que Cristo, el Divino Patrono de la Patria, el Divino Salvador del Mundo, ha entablado con Dios y los salvadoreños unas relaciones tan profundas de amor, entonces los salvadoreños nos convertiremos al Señor en el amor, en vez de idolatrar los falsos dioses de la riqueza, del poder y de las cosas de la carne, del dinero, de las cosas de la tierra.

Lamentablemente ésto es lo que pasa, que hemos roto la alianza de amor y no amamos a Dios sobre todas las cosas, sino que sobre Dios amamos como aquel avaro: mi dios es mi dinero; o como aquel lujurioso: Mi dios es el placer de la carne; o como el político: Su dios es el poder. Porque hacemos consistir en estos dioses nuestra oración y no en Cristo. ¡Por eso El Salvador está tan mal! Convirtámos al Señor en el amor y creamos en el amor. Creamos en Cristo que nos ha revelado el amor. No dudemos de él y tengamos plena confianza y todo lo que pidiéramos en el amor, lo alcanzaremos.

3.LOS CRISTIANOS SOMOS LOS RESPONSABLES DEL DINAMISMO DEL AMOR

El amor de Dios en Cristo hizo nacer la Iglesia. Eso es la Iglesia: Ustedes y yo ¿Por qué? Porque, dice el Concilio Vaticano II, que toma conciencia de lo que es ser Iglesia: «La Iglesia es el sacramento, es decir, signo e instrumento de la íntima unión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí». No hay una definición más bella de la Iglesia que esta que define el amor que nos debe de unir con Dios y del amor que nos debe de unir entre nosotros. Esto es Iglesia.

a) Estamos comprometidos por una alianza que es un mandato de amor

Cuando en el corazón de un cristiano crece su amor hacia Dios y crece su amor hacia el prójimo, entonces ese cristiano está haciendo Iglesia. Yo quisiera subrayar hondamente este pensamiento porque hay muchos que aún perteneciendo a la Iglesia con estas perspectivas de unidad y de comunión con Dios y con los hombres, ponen más confianza en sus opciones políticas. Creen más en el Bloque Popular Revolucionario, creen más en FAPU, creen más en ORDEN, creen más en sus organizaciones terrenales y se olvidan que la fuerza de esas cosas es pasajera, tanto más cuanto más violenta y más crean en la fuerza del odio; pero cuanto más se pone la confianza en unir por el amor a los hombres entre sí y unirlos con Dios, se hace Iglesia, se hace comunión.

Yo quisiera que mis queridos hermanos sacerdotes y las comunidades religiosas y las comunidades eclesiales parroquiales y de base, tuvieran en cuenta que ésto es hacer Iglesia. Y se medirá la eficacia de un sacerdote y de una comunidad en la medida en que se sepa hacer comunión; comunión, es decir, amor que une a los hombres entre sí y los une con Dios. Por más brillante que sea la obra de un sacerdote o de una comunidad, pero no deja como huella la comunión en el amor, no ha hecho Iglesia; lamentablemente ha hecho nada más que un cascarón que se rompe frágil. No deja huella lo que no siembra amor.

Yo quisiera, queridos cristianos, hoy cuando hay tanto fanatismo en las fuerzas políticas y en las fuerzas de la violencia, que no nos dejáramos alucinar por esas luces de bengala. Yo quisiera que en la serenidad tranquila de nuestra fe, viéramos que lo único consistente es la comunión que Cristo nos ha dejado.

Por eso, el tercer pensamiento nos dice: Somos responsables de esa comunión que Cristo nos ha heredado como un gran don pascual. Estamos comprometidos por una alianza que al mismo tiempo es un mandato. Dos veces aparece en el evangelio de hoy la palabra terminante de Cristo: «Este es mi mandamiento», y al final dice: «Esto os mando». Así terminante, el que puede mandarnos porque nos ha redimido, porque nos ha comprado con su sangre y somos suyos, nos ha dicho: Esto es lo que yo pido a cambio de mi sacrificio, a cambio de mi redención: «que os améis los unos a los otros».

-Amar: Criterio para saber si somos de Dios…

La segunda lectura de hoy es profunda. Yo quisiera que la reflexionaran ustedes en sus casas. Si no la llevan en sus hijitas, léanla en sus Biblias, la 1a. Carta de San Juan. Quizás es más profunda que su mismos evangelio, cuando dice: «El que ama, ha nacido de Dios, quien no ama, no ha conocido a Dios». Por eso San Juan de la Cruz escribía en uno de sus versos: «En la tarde de tu vida, te examinarán sobre el amor». Si amas, eres de Dios, has conocido a Dios y vivirás con Dios para siempre. Si no amas, no eres de Dios, no has conocido a Dios. Qué triste es decir: Hay muchos hermanos nuestros que no han conocido a Dios porque en su corazón nunca sonrió el amor. Porque en su corazón siempre hubo amarguras de violencias, de venganzas y de odios.

b) Universalismo del amor: «Está claro, Dios no hace distinciones, acepta al que lo tome y practica la justicia, sea de la nación que sea».

La primera lectura como que nos dá una pauta de los peligros en que puede escollarse nuestro amor: Riesgos.

-Cuando el hombre puede divinizarnos

La primera lectura nos relata cuando San Pedro invitado por un pagano, el centurión Cornelio, fue desde Joppe porque Dios lo mandaba llamar por medio de unas visiones que lo hizo encontradizo con este pagano, con este centurión. Nos dice que al llegar a la casa del centurión, el centurión Cornelio se arrodilló como reconociendo en él algo divino, y Pedro le dice: «No, no hagas eso, yo no soy más que un hombre como tú».

-Cuando un pueblo o grupo humano se cree superior y discrimina

Y cuando ven que el Espíritu Santo se ha dado a aquellos paganos- según los judíos, Dios solamente tenía relaciones con el pueblo judío y los gentiles eran tratados como perros, como gentiles (gente aparte), hasta en el templo de la oración de Jerusalén había un atrio que dividía a los gentiles: El atrio de los gentiles. De allí no podía pasar un gentil a la zona de los judíos, porque hasta había sentencia de muerte si pasaba. Eran los exclusivismos, creían que Dios sólo amaba a los judíos -se admiran que Dios de su espíritu a los gentiles.

Aquí hay muchas lecciones que comentar en este momento en que estamos reflexionando sobre el amor. Si Pedro no hubiera sido humilde y se hubiera dejado adorar como Dios, no hubiera hecho el prodigio que hizo: De bautizar en nombre de Dios a unos que estaban lejos de su fe. Y si los judíos hubieran permanecido en su sentido de discriminación, los gentiles no hubieran dejado bautizar a los gentiles. Dios no hubiera abierto esa compuerta entre el pueblo judío y el pueblo gentil. Dios no hubiera cumplido la promesa de los profetas: De hacer un solo pueblo en la fe en nuestro Señor Jesucristo.

El don del Espíritu es para todos

¿Qué es lo que hizo capaz a la Iglesia de abrazar a todas las razas sin tener discriminación para nadie? El amor que Cristo le enseñó a tener. «El Espíritu Santo- nos dice la primera lectura de hoy- no tiene aceptación de personas». «Está claro- dijo Pedro- que Dios no hace distinciones, acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea». Y cuando vio estos prodigios, San Pedro se pregunta:» ¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?» Y los bautizó y comenzó la Iglesia Universal.

Hermanos, lo que puede estorbarnos en nuestro amor son estos sentidos de pequeñez, de mezquinidad, de egoísmo, de discriminación. Aquel sí, aquel no; ustedes sí, ustedes no. Son los hombres los que han marcado fronteras en los pueblos de la tierra. Son los hombres los que discriminan las razas unas de otras. Dios no discrimina a nadie. Ojalá tuviéramos un corazón tan amplio como el de Dios para no discriminar y un corazón tan humilde como el de Pedro, para no dejarnos endiosar. Esto estorba, ésto hace mal. Cuando la política endiosa, cuando el dinero endiosa y los hombres que están arriba en política o en poder económico, se creen dioses para despreciar a los otros, entonces es cuando están las raíces del mal como las están en nuestra pobre Sociedad. Es necesario retomar a la sencillez de Pedro por más rico que lo sentía, dueño nada menos que de Dios. «No, yo soy como todos los demás y el don que Dios me ha dado es para compartirlo con todos». Vamos a compartirlo y a convivirlo, el Espíritu de Dios se dará también a ustedes.

-Puebla: La civilización del amor: «¿Qué nos impone le mandamiento del amor?

Si hubiera tiempo, hermanos-siento que el tiempo ha transcurrido mucho- yo quisiera recalcar el Mensaje de Puebla a los pueblos latinoamericanos, cuando los llama a todos- y por tanto a ustedes que me están escuchando -a ser constructores de la civilización del amor. Si quiera unos conceptos voy a tomar para que resumamos la palabra de Dios hoy, y vean como la Iglesia, predicando en América Latina, como está predicando ahora en el púlpito de la Iglesia del Rosario en San Salvador, es la Iglesia del Evangelio del Amor; creo que nadie será capaz, por más vil y calumniador que se sienta, de decir que yo hoy he predicado la violencia o he estado contra alguien. He predicado el amor desde las mismas páginas de la palabra santa.

Desde la palabra de los obispos unidos en Puebla, quiero decirles: ¿Qué nos impone el mandamiento del amor? «El cristiano sobrepasa las categorías de todos los regímenes y sistemas». Grávense bien esta palabra: El amor cristiano sobrepasa las categorías de todos los regímenes y sistemas. Me ha dado risa cuando en esta semana me preguntan que ¿si es cierto que mi predicación ya cambió, que si ahora estoy más con unos que con los de antes; que si ya no estoy con los grupos? Queridos hermanos, seamos sinceros, nunca he estado a favor de nadie porque he estado únicamente comprometido con mi Dios. Y siempre he predicado mi autonomía para poder alabar lo bueno que hay en cualquier ser humano, así como para poder reprochar con toda libertad, lo malo e injusto que existe en cualquier ser humano; para eso está la Iglesia.

Las conyunturas políticas de los pueblos cambian; y la Iglesia no va a ser juguete de ese vaivén de las coyunturas. La Iglesia siempre tendrá que ser el horizonte del amor de Dios que he tratado de esclarecer en esta mañana. Por eso el amor cristiano sobrepasa las categorías de todos los regímenes y sistemas. Si hoy es democracia, si mañana es socialismo, si después es otra cosa, eso no es competencia de la Iglesia. ¡Háganlo ustedes que son el pueblo, ustedes que tienen el derecho de organizarse con la libertad que tiene todo pueblo! Organicen su sistema social, la Iglesia se quedará siempre al margen, autónoma, para poder en cualquier sistema que sea, ser la conciencia, el Juez de las actitudes de los hombres que manejan o que viven en esos sistemas o regímenes, «porque trae consigo la fuerza insuperable del Misterio Pascual, del valor del sufrimientos de la cruz y las señales de victoria y resurrección».

Siempre busquen ésto en la Iglesia, hermanos. No busquen a qué lado político está la Iglesia. Busquen su virtualidad de cruz y de su resurrección. Busquen a Cristo en la Iglesia. Busquen al Señor humillado en la crucifixión así como glorioso y victorioso en su Pascua. Busquen siempre en la Iglesia el don pascual del amor y lo encontrarán. Otra cosa no pueden encontrar en su Iglesia. Y si alguien quiere manipular la Iglesia para sus intereses políticos, está buscando mal, allí no encontrará.

«El amor produce la felicidad de la comunión e inspira los criterios de la participación… la civilización del amor repudia la violencia, el egoísmo, el derroche, la explotación y los desatinos morales». No me voy a prolongar más, pero ya el Documento de Puebla que pueden ir teniendo en sus manos, les da toda esa doctrina para que vayamos conociendo a nuestra Iglesia cada día más.

HECHOS ECLESIALES

La Iglesia se concreta así en la comunidad; y la comunidad tiene sus efemérides, sus acontecimientos que hay que saberlos distinguir también de las coyunturas políticas. Les decía al principio que vamos caminando en el año litúrgico, ésto sí es vida de la Iglesia, y que dentro de quince días celebraremos Pentecostés; y con Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, vamos a celebrar el día del Seminario.

Esto nos interesa: Tener seminario donde los jóvenes que quieran continuar la misión de Cristo aprendan esos criterios de auténtica Iglesia. Yo quiero saludar esta mañana al simpático grupo del Seminario Menor de Chalatenango, donde allá hay una verdadera cantera d

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