Inicio Homilias Ciclo B María signo de la plenitud de los tiempos

María signo de la plenitud de los tiempos

María signo de la plenitud de los tiempos
HOMILIAS 1978

Homilía del Cuarto Domingo de Adviento

24 de diciembre de 1978

Lecturas:
Samuel: 7, 1-5. 8b-11. 16
Romanos: 16, 25-27
Lucas: 1, 26-38

Queridos hermanos, estimados radio-oyentes:

El evangelio que acaban de escuchar, centra la atención de los cristianos en la imagen bellísima de una virgen embarazada junto a la cuna donde va a dar a luz esta misma noche. La Virgen se llamaba María. Y junto al pesebre de Belén, María es la figura más hermosa del Adviento que ya se va convirtiendo en Navidad. Es la imagen de una historia que arranca del «secreto de los siglos eternos…» y que se comenzó a manifestar con el principio de la historia, de una historia que se preparó a lo largo de todo el Viejo Testamento y que llega ya a la «plenitud de los tiempos».

Litúrgicamente: paso de Adviento a Navidad. Desde cuatro domingos la Iglesia ha recogido ese largo período de esperanzas, de preparaciones, de promesas, de anuncios, y le ha llamado el Tiempo de Adviento. Todo el Viejo Testamento se ha hecho presente en nuestra consideración de estas preparaciones navideñas; por eso, la que mejor representa hoy todo ese Viejo Testamento grávido, embarazado de Cristo como para dar a luz ya en esta misma noche, la mejor figura de todo un período largo de siglos que viene gestando poco a poco una figura misteriosa que se va acercando, es María. Que encanto poder unirnos con cariño filial a la Madre de Cristo que se ha hecho también nuestra Madre. Sea esta liturgia del cuarto Domingo de Adviento, que ya es vigilia de Navidad, un homenaje entusiasta, cariñoso de todo el pueblo de Dios a nuestra Madre la Virgen Santísima.

MARIA, SIGNO DE LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS

1. El secreto de los siglos eternos.
2. Las preparaciones divinas en el Viejo Testamento.
3. La plenitud de los tiempos simbolizada en María grávida de Cristo.

Veremos como, si la redención se opera en esa larga historia, Dios quiere seguir el mismo estilo: salvando en la historia. Por tanto, la predicación del evangelio tiene que ser una prolongación del proyecto salvífico de Cristo, una aplicación a nuestra historia, a nuestro pueblo, a nuestra realidad. Una predicación, lo mismo que una celebración navideña, que solamente fuera un cuentecito romántico de hace veinte siglos y que no tuviera que encarnarse con el proyecto salvífico de Dios en las vicisitudes trágicas, dolorosas o esperanzadoras de nuestra historia, de nuestra realidad, no sería un cristianismo auténtico, ¡Dios sigue salvando en la historia! Por eso, al volver a este episodio del nacimiento de Cristo en Belén, no venimos a recordar el nacimiento de Cristo hace veinte siglos, sino a vivir ese nacimiento pero en el siglo XX, en 1978, en nuestra Navidad aquí en El Salvador. Por eso es necesario que a la luz de estas lecturas bíblicas, prolonguemos toda la historia del pensamiento eterno de Dios hasta los hechos concretos de nuestros secuestrados, de nuestros torturados, de nuestra propia triste historia. Es allí donde tenemos que encontrar a nuestro Dios.

1o. EL SECRETO DE LOS SIGLOS ETERNOS

a) En el Hijo que se anuncia a María hay un secreto eterno.

Remontémonos primero al secreto de los siglos eternos. Se le dice a María, atónita ante el saludo inaudito de un Arcángel que en nombre de Dios le viene a dar el verdadero nombre que debemos reconocer en Ella: «¡Salve la agraciada!, Salve la llena de gracia! Salve la mujer exaltada entre todas las mujeres!, la que encontró gracia a los ojos de Dios, la escogida! «Atónita ante esta embajada de lo celestial a lo terreno», María entabla un diálogo de aclaración que no es rebeldía sino que es el tomar conciencia de la tremenda responsabilidad que se le está ofreciendo: «¿Cómo puede ser ésto?». Pero el ángel revela que en ese Cristo viene todo un pasado desde el secreto de los siglos eternos: «Es Dios quien te escoge».

b) Es el misterio de Cristo que San Pablo menciona hoy.

«Misterio escondido en los siglos eternos»: Que se revela en Cristo y en el Evangelio que yo les predico; que ese Cristo, como lo ha anunciado el ángel a María, es obra del poder del altísimo. Se llamara Hijo de Dios, será grande, tendrá un trono que no tendrá ocaso, un rey inmortal de los siglos, salvador de las esperanzas de la humanidad.

Uno de los más elocuentes cantores de este movimiento: San Bernardo -el doctor melífluo-, imagina a la Virgen silenciosa, reflexionando si dice «si» o «no» Y le dice: «Habla María, di que sí. En tus labios está pendiente la suerte de toda la historia. De tu consentimiento, que Dios te pide, depende nuestra esperanza».

Pero María, la virgencita prudente, siente que la fe se ilumina. Lo que San Pablo nos ha dicho en este domingo: Que es un misterio que Dios quiere salvar al mundo en Cristo. Que esa historia de salvación, que va a comenzar en sus mismas entrañas, tiene como cimiento al Hijo de Dios. Un origen divino y una grandeza que el evangelio lleva consigo anunciando la salvación que de sólo Dios puede venir. San Pablo describe hoy a este Dios de la historia de la Salvación: El que puede fortalecernos, el Dios único sabio, a él la gloria por los Siglos. De él depende todo, toda la iniciativa está allá en el pensamiento escondido de Dios. Si Dios no hubiera revelado en Cristo su amor infinito que nos tiene nos amaría mucho pero no lo conociéramos. Fue necesario valerse de una mujer que encarnara ese pensamiento y ese amor: María.

Por eso la llama Dante en la Divina Comedia: «Oh Virgine Madre. Figlia del tuo Figlio -Hija de tu hijo-… Termine fisso deterno consiglio -Tu eres el punto concreto de un consejo eterno-. «Hace siglos, antes de que existieran las cosas, Dios pensaba en tí. Tú mujer bendita, llena de gracia, eras el puntito blanco, en el pensamiento de Dios. Como un enamorado piensa en su novia continuamente, Dios te amaba y te amaba porque tú ibas a ser la colaboradora de esta encarnación, de su pensamiento. Te necesita, te ama, eres bendita. «Término de eterno consejo»…, María no se da cuenta en su humildad y en su pequeñez desde que siglos eternos ha pensado Dios en Ella. Y en este momento en que el Verbo Eterno, por quien fueron hechas las cosas, comenzará a ser feto, y después niño, y después hombre crucificado en el Calvario para salvar al mundo. Necesita las entrañas purisímas de esa mujer. Por eso, en este pensamiento secreto, eterno, escondido en Dios, ¡qué dulce es pensar: ya estaba María! Como estábamos también nosotros, pero nosotros como objeto de lástima, como objeto de redención. María si también como objeto de redención porque es criatura, hija de Adán, pero al mismo tiempo, como colaboradora sacada de la misma masa de pecadores para hacerla santa y Purísima, y valerse de ella para darnos en su propio seno al Hijo de Dios hecho hombre.

c) Lo eterno no es lejanía. Está presente en la historia.

Todo arranca de Dios. En la primera lectura es Dios quien manda al profeta a un rey, al más grande de Judea. En el Evangelio es Dios quien manda al Arcángel a tratar con María. Y en este momento de 1978, en esta Navidad actual que nosotros celebramos, es el mismo Dios con su mismo amor, con sus mismos objetivos, quien manda a María a Belén. Es el pensamiento de Dios que se hace ternura, que se hace adoración, esperanza; es Dios que viene a nosotros en María.

No olvidemos esto hermanos: toda la salvación de nuestra historia, la salvación de cada uno de nosotros, el problema personal que me parece que nadie lo conoce y que nadie lo comprende, si hay quien lo comprenda. Dios te amó desde toda la eternidad, tú eres también un detalle de esa historia que Dios quiere hacer para gloria suya. Por eso San Pablo dice a ese Dios que tiene ese secreto eterno: «La gloria por los siglos de los siglos»…

Esta es la alegría del cristiano: Se que es Dios soy un pensamiento, yo por más insignificante que sea, el más abandonado de los seres, en quien nadie piensa. Hoy cuando se piensa en hacer regalos de Navidad ¡Cuántos marginados en quien nadie piensa! Piensen ustedes los marginados, ustedes los que se sienten que no son nada en la historia: «se que en Dios soy un pensamiento». Ojalá mi voz llegara a los encarcelados como un rayito de luz, de esperanza de Navidad; para decirles también a ustedes los enfermos, a ustedes los ancianitos del Asilo Sara, a ustedes los enfermos del hospital y de los hospitales, a ustedes los de las champas y de las barrancas, a ustedes los cortadores de café que están tratando de recoger su único ingreso para todo el año, a ustedes los torturados, que en todos ustedes ha pensado el consejo eterno de Dios. Los ama, y como María, encarna ese pensamiento en sus entrañas. Tienen ustedes también una madre como yo siento la alegría de tener en Navidad una madre que me enseña el camino hacia mi hermano Jesús, la Virgen María. Sintámosla así queridos hermanos, hermanos de verdad, porque todos estamos sin distinción ni categorías sociales, sin hombres de primera clase y de segunda clase, a la altura del corazón de Dios, todos a la altura del corazón de la Virgen. Nos ama y pensó en nosotros. Y ese consejo eterno, escondido en los siglos eternos va a comenzar a revelarse.

2. LAS PREPARACIONES DIVINAS EN EL VIEJO TESTAMENTO.

María continúa en el pensamiento de Dios cuando comienza la creación. Dios quiere salvar en la historia. Si ese secreto de los siglos eternos va a comenzar a realizarse, Dios quiere que se realice en la historia.

a) La profecía de Natán es el primer eslabón de Las profecías sobre María… el Hijo de David.

David, que es el objeto de la primera lectura, donde Dios por medio del profeta Natán le dice que va a descender de su dinastía un rey cuyo reino no tendrá fin. Es el primer eslabón de los anuncios de que Cristo será también, mesías y rey. Cuando pasa frente a los leprosos, frente a los ciegos, frente a los necesitados, le gritaremos los angustiados del tiempo: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mi!.

b) Concepto de la Biblia acerca de la «historia de la salvación».

Nos va a costar un poco entender como Dios quiere salvar en la historia, y como los tiempos son elementos necesarios para la salvación. Se me ocurre en este momento pensar como cuando un pintor está inspirado para hacer un cuadro: «Pero ¿Dónde lo hago?» Lo primero que hace es extender un lienzo en blanco. Eso hizo Dios al crear: Un lienzo en blanco… Los tiempos que comiencen a correr. Los tiempos, porque es en el tiempo a donde voy a pintar el cuadro precioso de la salvación.

c) El concepto de tiempo en la Biblia y el concepto de tiempo occidental.

Según el concepto israelita que se refleja en la Biblia es muy distinto del concepto occidental que t6enemos de tiempo. Nosotros medimos el tiempo y por eso llevamos un reloj, un calendario, porque para nosotros el tiempo es algo matemático, como que las cosas se miden por el tiempo. En cambio para Israel el tiempo es la experiencia, el tiempo es la vivencia, y allí tenemos la Biblia: «Tiempo de llorar, tiempo de reír». Y los astros aparecen dividiendo las noches y los días donde los hombres trabajan. El tiempo en el concepto bíblico es el lienzo blanco donde Dios con los hombres están pintando la historia. Y esa historia será bella si se pinta según el proyecto eterno.

El secreto de los siglos eternos se realiza en este lienzo de la historia en colaboración con los hombres: Tenemos la historia de la salvación. Si en cambio ese lienzo blanco que Dios ha tenido para que él y sus hijos pintemos la historia, la maltratamos hacemos nuestro capricho, no los secretos eternos de Dios sino la pasión del hombre: La política del hombre, el egoísmo del hombre, el abuso del hombre, entonces, ¿Qué resulta?: la historia que tenemos. Como si pusiéramos al alcance de un niño travieso un precioso lienzo que está pintado un gran pintor, entonces vendríamos a encontrarlo todo manchado, todo deshecho. Eso somos para Dios, niños malcriados que le hemos trastornado sus proyectos eternos. Pero he aquí que hay, gracias a Dios, alguien que sí ha sido el proyecto realizado a perfección: aquella que en el Evangelio de hoy aparece diciendo: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según su palabra». Esto no es alienación. Alienación es la del que dice como Satanás: «No te serviré, voy a ir a hacer mi capricho», porque éste se hunde en las tinieblas de su nada. El hombre cuando peca, dice el Concilio, «Se esfuma rompe el hilo que lo une con su creador y se deshace». O lo que decía Cristo: «Cuando se corta la rama de un árbol ya no sirve más que para secarse» Todo pecador es una rama cortada. En cambio María le dice al Señor, como la rama pegada al tronco: «No me quiero separar de tí. Quiero llevar fruto, el que tú me das, el de tu savia, el de tu pensamiento. Hágase en mi según tu palabra» Esta es la historia de la Salvación.

d) La Providencia divina se revela en el tiempo.

Según la revelación bíblica el primer capítulo de la salvación de los hombres, la primera realización de esa salvación que Dios quiere operar con la humanidad, el primer capítulo de la historia de las relaciones de Dios con los hombres, es la creación. La creación es el principio del tiempo. Esto hay que tenerlo muy en cuenta: La creación, el orden natural, lo que Dios ha creado, la inteligencia que le ha dado el hombre, las riquezas del oro de la tierra, los productos que él ha hecho los ha hecho él. Porque así comenzó la historia de la salvación, el primer capítulo es la creación: «Háganse la luz, háganse los mares, háganse los minerales, háganse los ganados, háganse todo». Dios le dice al hombre: Lo he creado para tí, nadie puede poseerlo con un derecho absolutista, todo es para la felicidad de la familia que yo creo en el mundo.

Es aquí donde el Concilio Vaticano II, recogiendo en breves síntesis esa historia de Dios, nos comienza a decir en el documento de la Divina Revelación. «Queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se reveló personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio». Ya comenzó la creación y ahora comienza ese orden de salvación eterna. Y esos primeros padres comenzaron por desobedecer a Dios. «Después de su caída los levantó a la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, después cuidó continuamente del género humano para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras». Aquí la literatura del Nuevo Testamento al referirse a esos siglos anteriores a Abraham, desde Adán, desde la creación cuando empezó a poblarse el mundo de los hombres y a poseer la tierra, lo llama el tiempo de la ignorancia como el tiempo del infante, como el tiempo en que el papá y la mamá comienzan a ver que su niño hace los primeros pininos; comienza a pedir, todavía no tiene uso de razón, el tiempo de la ignorancia. «Hasta que llega el momento -dice-, llamó a Abraham para hacerlo padre de un gran pueblo -aquí comienza la historia de una salvación que va concretándose en un pueblo, como modelo de todos los pueblos; el orbe que sólo encuentra en Dios que lo ha creado la salvación que todos esperamos- al que después de los Patriarcas instruyó por Moisés y los Profetas para que lo reconocieran Dios único, vivo y verdadero, Padre providente y justo juez, y para que esperaran al salvador promedio…»

Esta fue la misión de Moisés, cuando Dios le encarga sacar a los judíos del cautiverio de Egipto y conducirlos por el desierto hacia una tierra prometida, está realizando en una figura histórica, la salvación que Dios quiere hacer con todos los pueblos: Sacarlos de la esclavitud. Necesita Dios Profetas que le anuncien al pueblo su dignidad: «No tienes que ser esclavo de nadie, tienes que buscar la libertad que Dios te está ofreciendo». El Exodo es el libro precioso de todos los pueblos para que aprendan que es la dignidad del hombre.

Todavía estamos en el ámbito de la creación: El hombre. El hombre no ha nacido para ser esclavo para ser oprimido por nadie. La libertad es la que nos hace iguales a Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza». Y lo que distingue a Dios es la libertad por encima de todas las criaturas. El hombre tendrá una libertad relativ
porque consistirá en obedecer libremente a su creador, pero sólo a su creador: «No tendrás otros dioses ajenos a mí. Yo soy tu Dios, tu eres mi pueblo» Esta santa libertad la van sembrando Moisés y los profetas, los cuales denuncian con lenguaje terrible todo conato de opresión, todo pecado de abuso, todo aquel que desfigura la dignidad del hombre. Lean hermanos, los libros preciosos de los profetas y encontrarán que lo que ahora se dice es una tenue sombra de lo que debíamos de decir en nombre de Dios que es celoso de su libertad que le ha hecho reflejar en el hombre y en la Sociedad. Nos da más valor el valor de los verdaderos profetas para llamar por su propio nombre a los que asesinan, a los que esclavizan, a los que idolatran, a los que apartan de la figura del verdadero Dios la imagen de él en la tierra que es el hombre desde que comienza a ser concebido en las entrañas de una mujer. «…y de esta forma -continúa el texto del Concilio- a través de los siglos fue preparando el camino del Evangelio». ¡Que bella expresión para leerla en Navidad y ver en María, embarazada ya para dar a luz, esta palabra. Ella es como la síntesis de las preparaciones eternas a través de los siglos. Lo que va a dar a luz esta noche María es la revelación de todo este amor infinito de Dios que se ha ido preparando, desplegando, manifestándose a través de los siglos, a través del pueblo predilecto.

e) María, preñada de Jesús, figura del Viejo Testamento.

Refiriéndose a María el Concilio habla de esta mujer bendita que iba en el pensamiento de Dios preparando el Evangelio, dice el Concilio al hablarnos de María, Lumen Geintium No. 55; «Los libros del Antiguo Testamento narran la historia de la salvación en la que, paso a paso, se prepara la venida de Cristo al mundo» ¿No les parece a ustedes que al ir leyendo en estos cuatro domingos las lecturas de los profetas como que se sentían los pasos divinos de alguien que se va acercando?. Eso es el Viejo Testamento, preparando la venida de Cristo al mundo.

«Estos primeros documentos tal como se leen en la Iglesia y tal como se interpretan a la luz de una revelación ulterior y plena, evidencian poco a poco de una forma cada vez más clara la figura de la mujer, Madre del Redentor. Bajo esta luz aparece ya proféticamente bosquejada, en la promesa de victoria sobre la serpiente hecha a los primeros caídos en el pecado». Ya aparece María en el principio de la historia. Cuando Adán y Eva avergonzados son echados del paraíso ya la figura de una mujer que aplastará la cabeza de la serpiente engañadora nos presagia a María que va a traer la victoria sobre el pecado.

«Así mismo ella es la virgen que concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel». Es la profecía de Isaías, cuando los ejércitos invasores de Tierra Santa hacían temblar al mismo rey de Jerusalén. El profeta anuncia que Dios está con Israel y como una señal de esa protección anuncia que vendrá un tiempo en que una virgen, sin perder la gloria de su virginidad, concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel que quiere decir «Dios con nosotros». Es hermoso leer en la noche de la Navidad esa profecía de la Virgen grávida; ella va a dar a luz, va a ser madre, pero seguirá siendo virgen. Y esta es la señal de que como nos ha dicho el Evangelio de hoy, para Dios no hay nada imposible». Si hizo posible que una ancia estéril como era Elizabeth, concibiera y diera a luz al precursor Juan Bautista, así le dice a María: Tú seguirás siendo virgen y no perderás tu virginidad, por obra del Espíritu de Dios vas a concebir y vas a dar a luz en la Navidad y tu cuerpo quedará en el secreto de la virginidad». También este fue un presagio de los viejos tiempos que ya preparaban esta noche santa.

«Ella, sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de él la salvación». Toda la aspiración del Viejo Testamento, toda el hambre de Dios: ¡Ven señor a salvarnos!; toda la angustia del pueblo llevado cautivo a Babilonia necesitado de un salvador, toda la angustia de los profetas que le piden a Dios que mande ese Salvador que ha prometido todo esto está palpitando en el corazón de la Pobre de Yahvé, la Virgen.

Y repetimos aquí lo que del primer domingo de Adviento hemos venido diciendo: Que nadie podrá celebrar la Navidad auténtica si no es pobre de verdad. Los autosuficientes, los orgullosos, los que desprecian a los demás porque todo lo tienen, los que no necesitan ni de Dios, para ésos no habrá Navidad. Sólo los pobres, los hambrientos, los que tienen necesidad de que alguien venga por ellos tendrán a ese alguien, y ese alguien es Dios, Emmanuel, Dios con Nosotros. Sin pobreza de Espíritu no puede haber llenura de Dios. Si Dios no hubiera encontrado el vacío inmenso de María por la humildad, no hubiera venido al mundo, no hubiera habido quien lo captara. Gracias a Dios, y ésto hemos de agradecerle a la Virgen, Dios la escogió para ser madre suya, porque era santa en la humildad, porque nadie como ella expresó la pobreza de Israel, porque nadie como María expresó el ansia de todos los pueblos. María es la expresión de la necesidad de los salvadoreños, María es la expresión de la angustia de los que están en la cárcel, María es el dolor de las madres que han perdido a sus hijos y nadie les dice donde están. María es la ternura que busca angustiada una solución. María está en nuestra patria como en un callejón sin salida pero esperando que Dios ha de venir a salvarnos. Ojalá imitáramos a esta Pobre de Yahvé y sintiéramos que sin Dios no podemos nada, que Dios es esperanza de nuestro pueblo, que sólo Cristo, el Divino Salvador puede ser el Salvador de nuestra patria.

«En fin, con ella -continúa el Concilio-, Hija excelsa de Sión, tras la prolongada espera de la promesa se cumple la plenitud de los tiempos y se instaura la nueva Economía, al tomar de ella la naturaleza humana el Hijo de Dios a fin de librar al hombre del pecado mediante los misterios de la Humanidad».

3o. MARIA SIGNO DE LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS.

a) Cuando llegó a la plenitud de los tiempos envió Dios a su hijo nacido de mujer.

Y llegó así a la plenitud de los tiempos. Según el concepto que hemos analizado del tiempo según Dios, el lienzo tendido por Dios tenía un punto central como el dibujante que traza un proyecto y hay un punto culminante de su cuadro. Ese punto culminante se llama aquí la plenitud de los tiempos. Es este momento precisamente, en que el Verbo se hace carne en las entrañas de María y con esa vida de Dios que viene a una humanidad que debía de estar preparada por los siglos de preparaciones del Viejo Testamento, viene toda la vida de Dios. Viene todo el proyecto y la riqueza de un Dios que nos quiere elevar, nos quiere santificar. El Concilio dice entonces: «El misterio del hombre ya no se puede explicar más que en el misterio del Dios que se hizo hombre». Si un hombre quiere ver su propio misterio: El sentido de su dolor, de su trabajo, de su angustia, de su esperanza, póngase junto a Cristo. Si realiza lo que Cristo realizó: Hacer la voluntad del padre, llenarse de la vida que Cristo da al mundo, ese hombre está realizándose como verdadero hombre. Si al compararme con Cristo, encuentro frente a él que mi vida es una antítesis, un revés, mi vida es un desastre. Ese misterio no lo puedo explicar más que volviéndome a Cristo el cual le da la fisonomía verdadera al hombre que quiere ser hombre auténtico.

b). La Iglesia encargada de conservar y adaptar esa verdad y esa gracia.

La salvación solamente se dará en Cristo. Y por eso en Cristo viene todo lo que él le confía luego a su Iglesia: «Todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra. A ustedes mi apóstoles que los he escogido como mis confidentes, a los que les he enseñado el secreto de los siglos eternos, el designio de Dios de salvar a todas las naciones, de someter a todos los pueblos a la fe cristiana, Yo los mando: ¡Vayan, prediquen este Evangelio! El que creyere se salvará, y el que no creyere se condenará». Desde entonces la Iglesia es la misionera de Cristo, la que lleva el tesoro de la salvación.

c) Responsabilidad de los hombres es conservar y adaptar esa verdad y esa gracia.

Ahora aquí yo siento el inmenso honor de que a través de mi pobre palabra, aunque muchos la desprecien y se rían de ella, haya un vehículo de salvación. Es el vehículo que lleva la verdad que salva, los designios de los secretos eternos, el llamamiento a conversión. El crear un Reino de Dios entre los hombres de El Salvador, el hacer de nuestra Arquidiócesis una Iglesia que corresponda los designios de los secretos eternos del Señor, ese es mi trabajo, como también el trabajo de todos mis hermanos sacerdotes, de los catequistas, de las religiosas y de todos los que viven la realidad de esta Iglesia que no quiere ser otra cosa que Cristo, plenitud de los tiempos. Plenitud de los tiempos son los sacramentos que Cristo ha traído para transmitir su vida a los hombres, plenitud de los tiempos es la esperanza de la resurrección eterna que se siembra en el corazón de los cristianos, plenitud de los tiempos es el grito que ustedes van a decir dentro de poco: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, Ven, Señor Jesús». Cristo está presente desde el momento en que dice San Pablo: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos el Verbo de Dios fue concebido por una mujer y dado a luz. Y en ese Cristo que nace de María, se revela el secreto escondido en los siglos eternos». Conocer a Cristo es conocer la única verdad de la historia. Pintar con Dios la historia verdadera se puede hacer sólo incorporándose a este Cristo que es la imagen del Dios invisible la realización del secreto eterno del Señor.

d) Así comprenderán, mis queridos hermanos, por qué en la homilía del domingo el Arzobispo se preocupa de encarnar el mensaje del secreto de los siglos eternos en la realidad concreta de la historia.

Comprenderán entonces, aunque no les guste, que esa luz de la eternidad ilumine los trazos mal hechos de nuestra historia y los denuncie para decir «no se debe hacer así la historia»; y en cambio, para decir a los que están trabajando bien: «Así se debe hacer la historia». Por eso a la luz de este Dios que llega a la Navidad bajo la presencia dulcísima de María, signo de la plenitud de los tiempos, analicemos nuestra realidad hermanos, junto con María que es la que mejor vive la realidad de nuestro pueblo.

Porque ese fue su oficio: Encarnar a Cristo en la historia. Y María se hace salvadoreña y encarna a Cristo en la historia de El Salvador, y María se hace del apellido de ustedes y de mi apellido para encarnar la historia de su familia, de mi familia en la vida eterna del Evangelio. María se identifica en la vida eterna del Evangelio. María se identifica con cada uno de nosotros para encarnar a Cristo en nuestra propia vida individual. Dichosos si de veras en eso hacemos consistir la devoción a la Virgen. Por eso el Concilio avisó a los predicadores que se cuiadaran mucho de fomentar la falsa idea de la devoción a la Virgen que lamentablemente nos ha separado de los protestantes, porque algunos católicos han llegado a hacer de la Virgen una idolatría, una mariolatría. Pero la verdadera doctrina es que María no es un ídolo. El único salvador es Dios Jesucristo, pero María es el instrumento humano, la Hija de Adán, la Hija de Israel, encarnación de un pueblo, hermana de nuestra raza, pero que por su santidad fue capaz de encarnar en la historia la vida divina de Dios. Entonces, el verdadero homenaje que un cristiano puede tributar a la Virgen es hacer como Ella el esfuerzo de encarnar la vida de Dios en las vicisitudes de nuestra historia transitoria.

e) Anuncio de la Navidad del Señor según el Martirologio Romano.

Al hacer este recuerdo concreto, y para que vean que ha sido el esfuerzo de la Iglesia de todos los tiempos, tenemos que antiguamente este día 24, al medio día, en los comedores de los monasterios, lo mismo que aquí en el ambón de la Catedral, se proclamaba el Martirologio Romano que va señalando cada día las celebraciones del año litúrgico. Y en este día, en una forma solemne decía el lector: «Día veinticuatro de diciembre, del año de la creación del mundo, cuando en el principio creó Dios el cielo y la tierra, cinco mil ciento noventa y nueve años; del Diluvio, el año dos mil novecientos cincuenta y siete; del nacimiento de Abraham, el año dos mil quince; de Moisés y la salida del pueblo de Israel de Egipto, mil quinientos diez años; desde que David fue ungido Rey, el año mil treinta y dos; en la semana sesenta y cinco según la profecía de Daniel; en la Olimpíada -ven como se encarna en la historia profana- ciento noventa y cuatro; de la fundación de Roma, el año Setecientos cincuenta y dos; del Imperio de Octaviano Augusto el año cincuenta y tres; estando todo el orbe en paz, en la sexta edad del mundo, Jesucristo Eterno Dios e Hijo del Eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su misericordiosísimo advenimiento concebido del Espíritu Santo y pasado nueve meses -también tiempo- de su concepción, nace en Belén de Judas, de la Virgen María, hecho hombre».

¡Qué preciosa síntesis de la historia! Desde la creación, Abraham, David, etc. Y es que Cristo viene recogiendo toda esa historia que en el Martirologia se leía en una forma tan solemne en este día en que va nacer alguien, alguien que no es un hombre como todos los hombres, sino que viene recogiendo una larga historia desde los secretos de los siglos eternos de Dios.

HECHOS DE LA SEMANA

Cae, entonces, que el último capítulo de esa historia la hemos vivido esta semana, distinta de otros pueblos.

Hemos oído que el Papa vendrá a Puebla el 27 de enero.

Esto nos ha llenado de inmensa alegría, porque ir a Puebla será ahora, ir a encontrarse con el sucesor de Pedro y confrontar con él la Pastoral que se está realizando. El Papa dijo en el saludo de Navidad, una frase que congenia bien con nuestra Arquidiócesis: «No puede haber paz donde se conculcan los Derechos Humanos» El Papa también, buscando esa paz, ha enviado un mediador para el conflicto Argentina-Chile.

El Arzobispo de Managua tuvo expresiones de su preocupación pastoral.

Ustedes las leyeron en La Prensa esta semana, y queremos aprovechar esta circunstancia para mostrar nuevamente nuestra solidaridad como Arquidiócesis, con la Arquidiócesis y Jerarquía de Nicaragua. Estamos con ellos y vivimos lo que ellos viven. Para un cristiano todo lo humano es propio.

EN NUESTRA ARQUIDIOCESIS.

Vida de nuestras comunidades. Domingo 17 (dic.)

Estuvimos en Rosario de Mora donde hubo confirmaciones y Primeras Comuniones. En la noche dando posesión al nuevo párroco de San Sebastián, Ciudad Delgado, el P. Juan Antonio Gutiérez. Tuvimos oportunidad de vivir esta vida de reflexión y de sacramentos en aquella comunidad.

Lunes 18 (dic.).- Estuvimos celebrando a la Virgen de los Remedios que es como lo que hemos dicho hoy, una devoción que acerca en el amor a la Virgen a los cristianos para celebrar la Navidad. Estuvimos en La Vega donde hay una bonita tradición de San Salvador, honrar ahí a la Virgen de los Remedios. Agradezco al Capellán P. Raúl Flores por haberme invitado y participar en esa bonita celebración.

Lo mismo que el P. Roberto Crespín que me llevó a participar en otra celebración de la Virgen de los Remedios, en el Cantón de San Laureano de Ciudad Delgado.

Martes 19 (dic.).- Fui a San José Guayabal completando esta reflexión de preparación navideña. Yo sentí que era una gracia poder celebrar en San José Guayabal al Patrón San José que aquí lo celebran el 19 de diciembre lo mismo que en Quezaltepeque donde el Patrono es San José y se celebra en el ambiente de Adviento y de Navidad.

Miércoles 20 (dic.).- Muy pintoresca fue la visita al pueblecito remoto de Potonico. Fui a presidir un desagravio eucarístico, ya que allá se habían robado las especies sacramentales. Ac

Compartir:

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

seis + 10 =

Select your currency
USD Dólar de los Estados Unidos (US)